Lo abstracto y lo concreto no son conceptos universalmente definidos, sino particularmente relativos a cada ser humano. Podríamos decir, que lo abstracto es aquello no concretado por cada cual, y que lo concreto es todo lo deducido y expresado por sí mismo, es decir, todo lo comprendido.
De esta manera, podemos identificar qué es lo que tenemos de abstracto y de concreto, y, cuando lo hayamos señalado, habremos dado el primer paso para crear nuestra propia conciencia individual, permaneciendo este proceso en nuestra intimidad y dando comienzo una larga secuencia de actos que tendrán una característica común, el anonimato, porque serán imperceptibles para la mayoría.
Cuando la imaginación predomina sobre la realidad objetiva, no existe conexión con la realidad y no se sabe lo que se dice, dando lugar a las creencias y a las hipótesis imposibles.
Si el predominio es de los conceptos concretos, la imaginación es pobre y se utilizan hipótesis ya enunciadas, no existe ideal y no se sabe lo que se hace.
En cambio, si se ejecutan proposiciones posibles, se establece una relación entre lo abstracto y lo concreto, se sabe todo lo que se dice porque se hace, y la acción tiene su base en la argumentación mediante las analogías. Este es el principio del establecimiento de la conciencia individual.
Puede asaltarnos una duda: para que se desarrolle esta conciencia individual, ¿primero será lo abstracto? ¿o tendrá que ser lo concreto?
Antes de responder, atengamos al hecho científico que ocurre cuando se aísla un protón en el laboratorio, ya que, sin que el científico pueda controlarlo, “aparece” el correspondiente electrón para formar un átomo.
La materia que conocemos está formada por la agrupación entre protones y electrones, además de otros elementos subatómicos, por ejemplo los neutrones, y para que se produzcan estas agrupaciones, tendrán que haber existido protones aislados, como en el laboratorio.
La frase “pedid y se os dará” corrobora lo que estamos exponiendo, ya que, primero hay que pedir y ello significa, en nuestros términos, que el aspecto positivo ha de manifestarse en primer lugar, es decir, el propósito humano, la intención o el deseo, para que “aparezca” esa otra energía, como el electrón en el laboratorio, que revista lo positivo y se cree la materia en el mundo objetivo, como resultado de la agrupación entre dos aspectos o polaridades.
De lo anterior pueden deducirse tres argumentos:
1.-que al hombre le corresponde el control de lo abstracto, mediante el uso de la energía que denominamos voluntad y constituye la polaridad positiva
2.-que el ángel colabora aportando otra energía, de polaridad negativa
3.-que al combinarse ambas energías o polaridades, se manifiesta el mundo material, es decir, todo lo concreto.
Estas aportaciones entre el hombre y el ángel, tienen distintos puntos de partida y destinos, aunque son complementarios, porque:
--el hombre:
-es bipolar
-en nuestra constitución predomina la polaridad negativa
sobre la positiva, por eso somos más conscientes de lo
material que de lo espiritual
-experimentamos la tendencia hacia lo positivo y en ello
nos esforzamos
-evolucionamos desde lo material hacia lo inmaterial o
espiritual
--el ángel:
-también es bipolar
-en su constitución predomina la polaridad positiva sobre
la negativa, por lo que es más consciente de lo
espiritual que de lo material
-experimenta una tendencia hacia el polo negativo, que
constituye la base de su esfuerzo
-evoluciona desde un aspecto inmaterial o espiritual
hacia el mundo de la materia.
Por lo tanto, la materia no es el resultado de la acción aislada del hombre ni de la del ángel, sino de la combinación entre ambas, tal como el protón y el electrón, correspondiéndole al hombre el primer paso, que consiste en el establecimiento de su propuesta, a través del progresivo desarrollo de la capacidad de tomar decisiones por sí mismo.
Y tenemos una prueba científica de ello, pues cuando en el laboratorio ha “aparecido” el electrón y se forma un átomo, acaba de crearse materia artificialmente, pero he aquí que, también sin posibilidad de que el científico lo controle, se forma un “antiátomo”, que es una partícula de antimateria, lo que provoca que se atraigan ambas partículas atómicas y se destruyan inmediatamente.
Ocurre esto por una razón: la materia recién creada artificialmente por el científico, carece de su parte causal o propósito, por lo tanto no tiene la correspondiente polaridad positiva y su destino es la inmediata destrucción, es decir, debe morir en ese momento.
Así pues, la materia o lo concreto, surge cuando existe una intención ejecutada, porque se han combinado dos energías de polaridades contrarias, entendiendo que ninguna de las dos tiene polaridad pura, ya que, en ambas existen elementos de la polaridad contraria, por lo que experimentan la tendencia a desprenderse de una de las polaridades, precisamente la de menor cuantía y por un marcado motivo:
--las fuerzas de atracción y de repulsión, son mayores respecto de la
polaridad más abundante, por lo que dominan a las fuerzas de la
polaridad menor.
Quizás sea esta la razón por la que no pueda evitarse el proceso evolutivo, ni el avance del progreso en todos los órdenes, tan solo retrasarse, pero el tiempo carece de valor en los mundos inmateriales, por lo que nosotros aprendemos a vivir más allá del tiempo, convirtiendo al presente en eterno, mientras que el ángel se esfuerza por manifestarse en los aspectos temporales, y el camino empieza con la conciencia individual.
Si el hombre adopta la tendencia hacia la polaridad negativa, que es la que no le corresponde e intentando desprenderse de la positiva, se manifiesta el materialismo y la falta de ideales o propósitos, produciendo seres ignorantes y dependientes.
En cambio, si atiende hacia la polaridad positiva, esforzándose por eliminar la polaridad negativa de sus estructuras, sobreviene el idealismo, la exagerada imaginación y la creencia en lo imposible, desarrollándose la incapacidad por realizar, el ansia y la ilusión.
Cuando el esfuerzo se concentra en el rechazo de un aspecto o polaridad, o en su destrucción, no existe posibilidad de manifestarse la conciencia, puesto que esta es el vehículo que comunica ambas polaridades y si se desatiende a una de ellas, se elimina la relación entre ambos aspectos, lo que crea un enorme cúmulo de actos inconscientes o egrégores.
Esta inconsciencia conjunta, arrastra a quienes no han desarrollado la capacidad de decisión propia, porque se les ofrecen soluciones para que les resulte más cómodo y, al no decidir, no se cambian las estructuras existentes, por lo que perduran en el tiempo las decisiones tomadas por otros en su propio beneficio e interés.
De esta manera, se anula la posibilidad del contacto con el ángel, que asume la polaridad negativa, porque el hombre no se ha definido en su propia polaridad, la positiva, y así, no puede desarrollarse la conciencia.
El conjunto de actos institucionalizados y socializados, tales como las costumbres y tradiciones, la moda, la superstición, el temor o los vicios, constituyen la manifestación de estas formas psíquicas o egrégores, de tal manera, que llegan a dominar durante siglos a nuestras sociedades.
Así los describe Pierre Mabille en su obra “Egrégores o la vida de las civilizaciones” de la colección Límites, en la que atribuye la situación actual de la iglesia católica, al desarrollo de un egrégor que abarca a toda la civilización occidental, estructura que comenzó a disgregarse, según el autor, en el siglo XVI, debido a que cada vez son más quienes salen de la estructura católico-cristiana, porque se encuentran ahogados, les agobia su dogma, intuyen la separatividad de una creencia, encuentran que sus dirigentes rechazan la actualidad social bajo el pretexto de un mandato divino, del que ellos, y solamente ellos, son los portadores, y los creyentes experimentan el cansancio de confiar en falsas esperanzas y del deber, que presienten inútil, de cumplir con su parte dogmática.
Esta reacción en contra de lo institucionalizado, ha de forzar a que las personas tengamos que pensar, sentir y actuar de otra manera, porque no nos satisfacen los modos actuales, y al tener que decidir por nosotros mismos, se crea un vórtice energético que constituye una polaridad positiva, y de la misma manera que aparece el electrón en el laboratorio cuando se ha aislado el protón, aparecerá el ángel para asumir la polaridad negativa.
El resultado es una materia nueva, es decir, nuevas formas de pensar, otros sentimientos y actitudes diferentes, que no recordarán en nada a los anteriores dogmas, lo que producirá otro mundo más confraternizado, más humano y menos dogmático, por lo tanto menos separativo, en el que ha de ser la propia individualidad humana la protagonista, para manifestar su divinidad, y no una deidad antropomorfizada y rebajada a las formas humanas.
O continuamos conformándonos con nuestra propia ideación de lo divino, a la que nos sometemos porque otro nos dice que le ha sido confiada esa autoridad y nos la impone a la fuerza, o divinizamos todo lo humano, en lugar de humanizar a lo divino, para adorarlo como si no fuera de este mundo.
Y cuando se establece un criterio para transmutar a divino todo lo humano, es decir, para convertir en concreto lo que es abstracto en cada cual, se inicia el contacto con el ángel, por lo tanto, empieza a desarrollarse la conciencia individual.
Por todo lo anterior, parece ser que el esfuerzo tenga que ser iniciado y realizado, desde las estructuras materiales que configuran particularmente a cada ser humano, y como estas estructuras son diferentes, el propósito de una persona tendrá matices diferenciadores respecto del de otra.
Además, el primero de los contactos con los ángeles, ha de producirse, necesariamente, con aquellas entidades angélicas que participan directamente en la formación de nuestros cuerpos mental, emocional y físico, constituyendo la realidad práctica de la afirmación délfica “hombre, conócete a ti mismo”.
El proceso en el hombre consistirá en adquirir la polaridad positiva o tendencia hacia lo abstracto, considerando las posibilidades y capacidades que le sean propias, o de otra manera, desde la fuerza que le constituye hacia su propia energía.
Considerando que cada estructura material es singular, la fuerza desde la que arranca el esfuerzo de todo hombre no se encuentra repetida en otro hombre, por lo tanto, tampoco lo será su energía, y por otra parte, el hombre tiene su “ser” en la parte inmaterial o espíritu, y su “estar” en la materia, cuya principal característica es su diversidad, mientras que su esfuerzo se centra en la energía o espíritu, cuya característica es la unidad. Cuando hablamos del “estar” hemos de referir dos circunstancias, “dónde y cómo”, mientras que tales circunstancias no están determinadas en el “ser”, porque su movimiento no está limitado ni a un lugar ni al tiempo.
Mientras existan las limitaciones del lugar y del tiempo, el contacto angélico se dificulta y no se desarrolla la conciencia individual, porque el medio en el que el ángel tiene su “estar”, no está circunscrito a las limitaciones del espacio y del tiempo.
Podemos concluir respecto del hombre, que nos esforzamos desde la fuerza hacia la energía, desde la materia hacia el espíritu, desde lo concreto hacia lo abstracto y desde lo bipolar hacia una polaridad positiva única.
Si consideramos al ángel y reconociendo nuestras propias limitaciones, porque nuestra consideración hacia lo angélico arranca desde una perspectiva humana, diríamos que su medio natural es lo abstracto, lo inmaterial y lo espiritual, es decir, la energía. El esfuerzo angélico consiste en trasmutar a la energía en fuerza y en materializar lo espiritual, tal como lo hace el electrón.
En este proceso se cruzan ambos caminos, el humano y el angélico. El hombre cede al ángel su polaridad negativa, recibiendo a cambio la polaridad positiva angélica, y en este sistema de trueque se define a la conciencia, sistema que en un momento dado expresará el predominio de la polaridad negativa, manifestándose como tendencias materialistas pero con propósitos idealistas, y en otro lo hará respecto de la positiva, en cuyo caso se identificaría con el idealismo posible y realizable, aunque en ambos casos habrá relación, porque ninguna de las dos polaridades es despreciada, por lo tanto, habrá conciencia.
Al final de este proceso, cuando el hombre haya traspasado toda su polaridad humana y negativa al ángel, y haya recibido toda la positiva angélica, el hombre ha de convertirse en ángel, porque se ha desprendido de todo aquello humano, mientras que el ángel se convertirá en hombre, porque le ha entregado todo lo que tenía de angélico.
Estas energías o polaridades, tienen su manifestación por doquiera lugar, tanto en lo micro como en lo macro, existiendo zonas en las que se manifiesta una polaridad más que la otra, constituyendo verdaderos almacenes de electricidad. Así, en el núcleo atómico y en sus proximidades, la electricidad predominante es la de polaridad positiva, mientras que en el orbital de electrones es la negativa, por eso se establece una argumentación en torno a que, el núcleo atómico, es la manifestación del propósito humano, mientras que el orbital electrónico se corresponde con la actividad angélica.
En nuestro sistema solar y respecto del planeta Tierra, existen tres zonas determinadas en las que también se manifiestan polaridades distintas, son la exosfera, la atmósfera y la litosfera o cuerpo físico de la Tierra.
La exosfera, que se encuentra a unos 1.100 kilómetros de altura respecto de la superficie terrestre, es una zona en la que predominan cargas eléctricas positivas, es decir, protones, mientras que en la litosfera, el predominio es de las negativas, sin embargo, en la atmósfera terrestre se encuentran mezcladas y combinadas, bien en estado libre o agrupadas formando átomos, por lo que la atmósfera es la zona en la que las cargas eléctricas o polaridades, se encuentran en cierto equilibrio.
Quizás sea esta una posible explicación del por qué miramos hacia las alturas cuando expresamos nuestras aspiraciones espirituales, y también es la razón de fenómenos atmosféricos, tales como las auroras o los rayos de una tormenta, pues a través de los llamados tubos iónicos, descienden hacia la superficie terrestre las cargas eléctricas positivas y ascienden las negativas, provocando un rayo en el momento y lugar del contacto.
En el desarrollo de la conciencia individual, y en este cruce de esfuerzos humanos y angélicos, se producen relaciones entre el hombre y el ángel, a modo de los tubos iónicos mencionados en el párrafo anterior, y que son cada vez más conscientes por ambas partes, porque el hombre aprende a definir mejor su propósito, y el ángel a revestirlo, para que la materia resultante sea más perfecta que la anterior, renovada y fresca.
Luego lo que denominamos conciencia, tiene su analogía en aquellos tubos iónicos a través de los que se logra establecer un contacto entre ambas polaridades, es decir, entre el hombre y el ángel.
El rayo de la tormenta simboliza ese delicado, pero potentísimo instante, en el que “se ha hecho la luz”, porque se ha creado nueva materia que redimirá a la que ha quedado obsoleta, sin tener que esperar en la Tierra, inactivos y adorando, a que venga desde el cielo alguna divinidad, para redimirnos e iluminarnos.
Aquellas zonas mencionadas anteriormente, la exosfera, la atmósfera y la litosfera, tienen su correspondencia respecto de la constitución humana, en los tres cuerpos de nuestra personalidad, es decir, la exosfera con el mental, la atmósfera con el emocional y la litosfera con el físico.
En el cuerpo mental y en la exosfera predomina la electricidad de polaridad positiva. La mente gesta los ideales, su acción es la imaginación y produce todo lo hipotético, sea real o no, con la diferencia de que, cuando es realizable, sobreviene la paz. Y un acto creativo no tiene nada de traumático, así como que el contacto humano-angélico sobreviene, siempre, sin ansiedad alguna.
En el cuerpo emocional y en la capa atmosférica existe cierto equilibrio entre las cargas eléctricas, por eso es el cuerpo de mayor unificación, en el que su aspecto superior está conectado directamente con el inferior, entremezclándose ambos, sin que existan zonas diferenciadas en las que predomine una polaridad sobre la otra.
Su manifestación se centra en los estados emotivos, su acción es atractiva para lo deseable y repulsiva para lo contrario, y en ello consiste la separatividad emocional, porque, en este cuerpo, las fuerzas de atracción y de repulsión suelen actuar separadas la una de la otra, siendo la cuna de la mayor de las separatividades humanas y la causa de mayor potencial que evita el contacto con el ángel. Sin embargo, cuando el esfuerzo humano consigue conectar ambas fuerzas y que actúen conjuntamente, predomina la fraternidad, base para la amistad con el ángel.
Y en el cuerpo físico, así como en la litosfera, el predominio es de la polaridad negativa, que se corresponde con la acción objetiva y perceptible, actuando en uno de estos sentidos:
--Bien lo hace inconscientemente, tendiendo a utilizar sus estructuras
materiales más densas, porque carece del ideal que permita la
penetración del cuerpo mental en el interior del astral, a través del deseo
de ejecutar un pensamiento, y tampoco se traduce en una acción física,
provocada por el deseo astral, por lo que no existe conexión entre los
cuerpos, permaneciendo desalineados, hecho que provoca la muerte de
todas las estructuras sin ideal, del mismo modo que ocurre con la materia
artificial del laboratorio.
Y en este proceso se invierte mucho tiempo, porque hay una causa
material, porque su efecto también lo es y porque no puede manifestarse
una conciencia individual.
--O bien constituye un acto consciente, cuya tendencia se manifiesta en la
utilización de las estructuras más sutiles de cada cuerpo, hecho que
permite conectarlas entre sí, y asimismo, quedarán conectadas las
estructuras inferiores, produciéndose el perfecto alineamiento de los
cuerpos, y en ello se invierte menor tiempo cada vez, hasta que la materia
creada ya no muere, porque se ha convertido en el mismo ideal, es decir,
se ha espiritualizado.
Así, hay una causa inmaterial, y su efecto pertenece a la materia, lo que
permite la existencia de una recién nacida conciencia individual
Por lo tanto, completando un poco más el concepto acerca de la conciencia, podríamos decir que se trata de una relación directa entre los cuerpos, de manera que sus aspectos superiores se conecten entre sí, de la misma manera que los inferiores, constituyendo dos polaridades dentro de cada cuerpo, que, cuando estén equilibradas, lo convertirán en un cuerpo luminoso, porque será radiactivo.
Y la conciencia es la relación entre ambas polaridades, es decir, entre la capacidad de proponer y la de realizar lo propuesto, existiendo una conciencia para cada cuerpo en manifestación, que, cuando se relacionan entre sí, la radiación trasciende al propio individuo y empieza a penetrar en las estructuras materiales más sutiles de los demás.
Respecto de las clases de energías, así como de electricidades, en las que predomina una polaridad sobre la otra, la filosofía hindú recurre a denominaciones numéricas, y vamos a emplearlas en este trabajo, por dos razones:
--porque también pueden deducirse aspectos interesantes respecto
de las relaciones entre los números, ya que la matemática es una
forma de expresar a la filosofía, así como que la filosofía es otra
forma de expresar a las matemáticas
--y porque nos resulta más cómodo a la hora de mencionarlas
Así pues, en lo sucesivo utilizaremos estas expresiones orientales, por lo tanto numéricas, al referirnos a las diferentes energías, polaridades o electricidades, e intentaremos asignar a cada polaridad un aspecto psicológico, que lo identificaremos con una determinada acción, tanto cuando se trate de las energías del hombre como cuando tratemos a las del ángel, con la diferencia, respecto de cuando hablemos del ángel, de que no podemos referenciar implicaciones en el mundo angélico, sino en el nuestro propio, es decir, en el humano.
Asimismo, diferenciaremos entre los aspectos superior e inferior de cada energía y para cada ser, sea hombre o sea ángel.
De esta manera, podemos identificar qué es lo que tenemos de abstracto y de concreto, y, cuando lo hayamos señalado, habremos dado el primer paso para crear nuestra propia conciencia individual, permaneciendo este proceso en nuestra intimidad y dando comienzo una larga secuencia de actos que tendrán una característica común, el anonimato, porque serán imperceptibles para la mayoría.
Cuando la imaginación predomina sobre la realidad objetiva, no existe conexión con la realidad y no se sabe lo que se dice, dando lugar a las creencias y a las hipótesis imposibles.
Si el predominio es de los conceptos concretos, la imaginación es pobre y se utilizan hipótesis ya enunciadas, no existe ideal y no se sabe lo que se hace.
En cambio, si se ejecutan proposiciones posibles, se establece una relación entre lo abstracto y lo concreto, se sabe todo lo que se dice porque se hace, y la acción tiene su base en la argumentación mediante las analogías. Este es el principio del establecimiento de la conciencia individual.
Puede asaltarnos una duda: para que se desarrolle esta conciencia individual, ¿primero será lo abstracto? ¿o tendrá que ser lo concreto?
Antes de responder, atengamos al hecho científico que ocurre cuando se aísla un protón en el laboratorio, ya que, sin que el científico pueda controlarlo, “aparece” el correspondiente electrón para formar un átomo.
La materia que conocemos está formada por la agrupación entre protones y electrones, además de otros elementos subatómicos, por ejemplo los neutrones, y para que se produzcan estas agrupaciones, tendrán que haber existido protones aislados, como en el laboratorio.
La frase “pedid y se os dará” corrobora lo que estamos exponiendo, ya que, primero hay que pedir y ello significa, en nuestros términos, que el aspecto positivo ha de manifestarse en primer lugar, es decir, el propósito humano, la intención o el deseo, para que “aparezca” esa otra energía, como el electrón en el laboratorio, que revista lo positivo y se cree la materia en el mundo objetivo, como resultado de la agrupación entre dos aspectos o polaridades.
De lo anterior pueden deducirse tres argumentos:
1.-que al hombre le corresponde el control de lo abstracto, mediante el uso de la energía que denominamos voluntad y constituye la polaridad positiva
2.-que el ángel colabora aportando otra energía, de polaridad negativa
3.-que al combinarse ambas energías o polaridades, se manifiesta el mundo material, es decir, todo lo concreto.
Estas aportaciones entre el hombre y el ángel, tienen distintos puntos de partida y destinos, aunque son complementarios, porque:
--el hombre:
-es bipolar
-en nuestra constitución predomina la polaridad negativa
sobre la positiva, por eso somos más conscientes de lo
material que de lo espiritual
-experimentamos la tendencia hacia lo positivo y en ello
nos esforzamos
-evolucionamos desde lo material hacia lo inmaterial o
espiritual
--el ángel:
-también es bipolar
-en su constitución predomina la polaridad positiva sobre
la negativa, por lo que es más consciente de lo
espiritual que de lo material
-experimenta una tendencia hacia el polo negativo, que
constituye la base de su esfuerzo
-evoluciona desde un aspecto inmaterial o espiritual
hacia el mundo de la materia.
Por lo tanto, la materia no es el resultado de la acción aislada del hombre ni de la del ángel, sino de la combinación entre ambas, tal como el protón y el electrón, correspondiéndole al hombre el primer paso, que consiste en el establecimiento de su propuesta, a través del progresivo desarrollo de la capacidad de tomar decisiones por sí mismo.
Y tenemos una prueba científica de ello, pues cuando en el laboratorio ha “aparecido” el electrón y se forma un átomo, acaba de crearse materia artificialmente, pero he aquí que, también sin posibilidad de que el científico lo controle, se forma un “antiátomo”, que es una partícula de antimateria, lo que provoca que se atraigan ambas partículas atómicas y se destruyan inmediatamente.
Ocurre esto por una razón: la materia recién creada artificialmente por el científico, carece de su parte causal o propósito, por lo tanto no tiene la correspondiente polaridad positiva y su destino es la inmediata destrucción, es decir, debe morir en ese momento.
Así pues, la materia o lo concreto, surge cuando existe una intención ejecutada, porque se han combinado dos energías de polaridades contrarias, entendiendo que ninguna de las dos tiene polaridad pura, ya que, en ambas existen elementos de la polaridad contraria, por lo que experimentan la tendencia a desprenderse de una de las polaridades, precisamente la de menor cuantía y por un marcado motivo:
--las fuerzas de atracción y de repulsión, son mayores respecto de la
polaridad más abundante, por lo que dominan a las fuerzas de la
polaridad menor.
Quizás sea esta la razón por la que no pueda evitarse el proceso evolutivo, ni el avance del progreso en todos los órdenes, tan solo retrasarse, pero el tiempo carece de valor en los mundos inmateriales, por lo que nosotros aprendemos a vivir más allá del tiempo, convirtiendo al presente en eterno, mientras que el ángel se esfuerza por manifestarse en los aspectos temporales, y el camino empieza con la conciencia individual.
Si el hombre adopta la tendencia hacia la polaridad negativa, que es la que no le corresponde e intentando desprenderse de la positiva, se manifiesta el materialismo y la falta de ideales o propósitos, produciendo seres ignorantes y dependientes.
En cambio, si atiende hacia la polaridad positiva, esforzándose por eliminar la polaridad negativa de sus estructuras, sobreviene el idealismo, la exagerada imaginación y la creencia en lo imposible, desarrollándose la incapacidad por realizar, el ansia y la ilusión.
Cuando el esfuerzo se concentra en el rechazo de un aspecto o polaridad, o en su destrucción, no existe posibilidad de manifestarse la conciencia, puesto que esta es el vehículo que comunica ambas polaridades y si se desatiende a una de ellas, se elimina la relación entre ambos aspectos, lo que crea un enorme cúmulo de actos inconscientes o egrégores.
Esta inconsciencia conjunta, arrastra a quienes no han desarrollado la capacidad de decisión propia, porque se les ofrecen soluciones para que les resulte más cómodo y, al no decidir, no se cambian las estructuras existentes, por lo que perduran en el tiempo las decisiones tomadas por otros en su propio beneficio e interés.
De esta manera, se anula la posibilidad del contacto con el ángel, que asume la polaridad negativa, porque el hombre no se ha definido en su propia polaridad, la positiva, y así, no puede desarrollarse la conciencia.
El conjunto de actos institucionalizados y socializados, tales como las costumbres y tradiciones, la moda, la superstición, el temor o los vicios, constituyen la manifestación de estas formas psíquicas o egrégores, de tal manera, que llegan a dominar durante siglos a nuestras sociedades.
Así los describe Pierre Mabille en su obra “Egrégores o la vida de las civilizaciones” de la colección Límites, en la que atribuye la situación actual de la iglesia católica, al desarrollo de un egrégor que abarca a toda la civilización occidental, estructura que comenzó a disgregarse, según el autor, en el siglo XVI, debido a que cada vez son más quienes salen de la estructura católico-cristiana, porque se encuentran ahogados, les agobia su dogma, intuyen la separatividad de una creencia, encuentran que sus dirigentes rechazan la actualidad social bajo el pretexto de un mandato divino, del que ellos, y solamente ellos, son los portadores, y los creyentes experimentan el cansancio de confiar en falsas esperanzas y del deber, que presienten inútil, de cumplir con su parte dogmática.
Esta reacción en contra de lo institucionalizado, ha de forzar a que las personas tengamos que pensar, sentir y actuar de otra manera, porque no nos satisfacen los modos actuales, y al tener que decidir por nosotros mismos, se crea un vórtice energético que constituye una polaridad positiva, y de la misma manera que aparece el electrón en el laboratorio cuando se ha aislado el protón, aparecerá el ángel para asumir la polaridad negativa.
El resultado es una materia nueva, es decir, nuevas formas de pensar, otros sentimientos y actitudes diferentes, que no recordarán en nada a los anteriores dogmas, lo que producirá otro mundo más confraternizado, más humano y menos dogmático, por lo tanto menos separativo, en el que ha de ser la propia individualidad humana la protagonista, para manifestar su divinidad, y no una deidad antropomorfizada y rebajada a las formas humanas.
O continuamos conformándonos con nuestra propia ideación de lo divino, a la que nos sometemos porque otro nos dice que le ha sido confiada esa autoridad y nos la impone a la fuerza, o divinizamos todo lo humano, en lugar de humanizar a lo divino, para adorarlo como si no fuera de este mundo.
Y cuando se establece un criterio para transmutar a divino todo lo humano, es decir, para convertir en concreto lo que es abstracto en cada cual, se inicia el contacto con el ángel, por lo tanto, empieza a desarrollarse la conciencia individual.
Por todo lo anterior, parece ser que el esfuerzo tenga que ser iniciado y realizado, desde las estructuras materiales que configuran particularmente a cada ser humano, y como estas estructuras son diferentes, el propósito de una persona tendrá matices diferenciadores respecto del de otra.
Además, el primero de los contactos con los ángeles, ha de producirse, necesariamente, con aquellas entidades angélicas que participan directamente en la formación de nuestros cuerpos mental, emocional y físico, constituyendo la realidad práctica de la afirmación délfica “hombre, conócete a ti mismo”.
El proceso en el hombre consistirá en adquirir la polaridad positiva o tendencia hacia lo abstracto, considerando las posibilidades y capacidades que le sean propias, o de otra manera, desde la fuerza que le constituye hacia su propia energía.
Considerando que cada estructura material es singular, la fuerza desde la que arranca el esfuerzo de todo hombre no se encuentra repetida en otro hombre, por lo tanto, tampoco lo será su energía, y por otra parte, el hombre tiene su “ser” en la parte inmaterial o espíritu, y su “estar” en la materia, cuya principal característica es su diversidad, mientras que su esfuerzo se centra en la energía o espíritu, cuya característica es la unidad. Cuando hablamos del “estar” hemos de referir dos circunstancias, “dónde y cómo”, mientras que tales circunstancias no están determinadas en el “ser”, porque su movimiento no está limitado ni a un lugar ni al tiempo.
Mientras existan las limitaciones del lugar y del tiempo, el contacto angélico se dificulta y no se desarrolla la conciencia individual, porque el medio en el que el ángel tiene su “estar”, no está circunscrito a las limitaciones del espacio y del tiempo.
Podemos concluir respecto del hombre, que nos esforzamos desde la fuerza hacia la energía, desde la materia hacia el espíritu, desde lo concreto hacia lo abstracto y desde lo bipolar hacia una polaridad positiva única.
Si consideramos al ángel y reconociendo nuestras propias limitaciones, porque nuestra consideración hacia lo angélico arranca desde una perspectiva humana, diríamos que su medio natural es lo abstracto, lo inmaterial y lo espiritual, es decir, la energía. El esfuerzo angélico consiste en trasmutar a la energía en fuerza y en materializar lo espiritual, tal como lo hace el electrón.
En este proceso se cruzan ambos caminos, el humano y el angélico. El hombre cede al ángel su polaridad negativa, recibiendo a cambio la polaridad positiva angélica, y en este sistema de trueque se define a la conciencia, sistema que en un momento dado expresará el predominio de la polaridad negativa, manifestándose como tendencias materialistas pero con propósitos idealistas, y en otro lo hará respecto de la positiva, en cuyo caso se identificaría con el idealismo posible y realizable, aunque en ambos casos habrá relación, porque ninguna de las dos polaridades es despreciada, por lo tanto, habrá conciencia.
Al final de este proceso, cuando el hombre haya traspasado toda su polaridad humana y negativa al ángel, y haya recibido toda la positiva angélica, el hombre ha de convertirse en ángel, porque se ha desprendido de todo aquello humano, mientras que el ángel se convertirá en hombre, porque le ha entregado todo lo que tenía de angélico.
Estas energías o polaridades, tienen su manifestación por doquiera lugar, tanto en lo micro como en lo macro, existiendo zonas en las que se manifiesta una polaridad más que la otra, constituyendo verdaderos almacenes de electricidad. Así, en el núcleo atómico y en sus proximidades, la electricidad predominante es la de polaridad positiva, mientras que en el orbital de electrones es la negativa, por eso se establece una argumentación en torno a que, el núcleo atómico, es la manifestación del propósito humano, mientras que el orbital electrónico se corresponde con la actividad angélica.
En nuestro sistema solar y respecto del planeta Tierra, existen tres zonas determinadas en las que también se manifiestan polaridades distintas, son la exosfera, la atmósfera y la litosfera o cuerpo físico de la Tierra.
La exosfera, que se encuentra a unos 1.100 kilómetros de altura respecto de la superficie terrestre, es una zona en la que predominan cargas eléctricas positivas, es decir, protones, mientras que en la litosfera, el predominio es de las negativas, sin embargo, en la atmósfera terrestre se encuentran mezcladas y combinadas, bien en estado libre o agrupadas formando átomos, por lo que la atmósfera es la zona en la que las cargas eléctricas o polaridades, se encuentran en cierto equilibrio.
Quizás sea esta una posible explicación del por qué miramos hacia las alturas cuando expresamos nuestras aspiraciones espirituales, y también es la razón de fenómenos atmosféricos, tales como las auroras o los rayos de una tormenta, pues a través de los llamados tubos iónicos, descienden hacia la superficie terrestre las cargas eléctricas positivas y ascienden las negativas, provocando un rayo en el momento y lugar del contacto.
En el desarrollo de la conciencia individual, y en este cruce de esfuerzos humanos y angélicos, se producen relaciones entre el hombre y el ángel, a modo de los tubos iónicos mencionados en el párrafo anterior, y que son cada vez más conscientes por ambas partes, porque el hombre aprende a definir mejor su propósito, y el ángel a revestirlo, para que la materia resultante sea más perfecta que la anterior, renovada y fresca.
Luego lo que denominamos conciencia, tiene su analogía en aquellos tubos iónicos a través de los que se logra establecer un contacto entre ambas polaridades, es decir, entre el hombre y el ángel.
El rayo de la tormenta simboliza ese delicado, pero potentísimo instante, en el que “se ha hecho la luz”, porque se ha creado nueva materia que redimirá a la que ha quedado obsoleta, sin tener que esperar en la Tierra, inactivos y adorando, a que venga desde el cielo alguna divinidad, para redimirnos e iluminarnos.
Aquellas zonas mencionadas anteriormente, la exosfera, la atmósfera y la litosfera, tienen su correspondencia respecto de la constitución humana, en los tres cuerpos de nuestra personalidad, es decir, la exosfera con el mental, la atmósfera con el emocional y la litosfera con el físico.
En el cuerpo mental y en la exosfera predomina la electricidad de polaridad positiva. La mente gesta los ideales, su acción es la imaginación y produce todo lo hipotético, sea real o no, con la diferencia de que, cuando es realizable, sobreviene la paz. Y un acto creativo no tiene nada de traumático, así como que el contacto humano-angélico sobreviene, siempre, sin ansiedad alguna.
En el cuerpo emocional y en la capa atmosférica existe cierto equilibrio entre las cargas eléctricas, por eso es el cuerpo de mayor unificación, en el que su aspecto superior está conectado directamente con el inferior, entremezclándose ambos, sin que existan zonas diferenciadas en las que predomine una polaridad sobre la otra.
Su manifestación se centra en los estados emotivos, su acción es atractiva para lo deseable y repulsiva para lo contrario, y en ello consiste la separatividad emocional, porque, en este cuerpo, las fuerzas de atracción y de repulsión suelen actuar separadas la una de la otra, siendo la cuna de la mayor de las separatividades humanas y la causa de mayor potencial que evita el contacto con el ángel. Sin embargo, cuando el esfuerzo humano consigue conectar ambas fuerzas y que actúen conjuntamente, predomina la fraternidad, base para la amistad con el ángel.
Y en el cuerpo físico, así como en la litosfera, el predominio es de la polaridad negativa, que se corresponde con la acción objetiva y perceptible, actuando en uno de estos sentidos:
--Bien lo hace inconscientemente, tendiendo a utilizar sus estructuras
materiales más densas, porque carece del ideal que permita la
penetración del cuerpo mental en el interior del astral, a través del deseo
de ejecutar un pensamiento, y tampoco se traduce en una acción física,
provocada por el deseo astral, por lo que no existe conexión entre los
cuerpos, permaneciendo desalineados, hecho que provoca la muerte de
todas las estructuras sin ideal, del mismo modo que ocurre con la materia
artificial del laboratorio.
Y en este proceso se invierte mucho tiempo, porque hay una causa
material, porque su efecto también lo es y porque no puede manifestarse
una conciencia individual.
--O bien constituye un acto consciente, cuya tendencia se manifiesta en la
utilización de las estructuras más sutiles de cada cuerpo, hecho que
permite conectarlas entre sí, y asimismo, quedarán conectadas las
estructuras inferiores, produciéndose el perfecto alineamiento de los
cuerpos, y en ello se invierte menor tiempo cada vez, hasta que la materia
creada ya no muere, porque se ha convertido en el mismo ideal, es decir,
se ha espiritualizado.
Así, hay una causa inmaterial, y su efecto pertenece a la materia, lo que
permite la existencia de una recién nacida conciencia individual
Por lo tanto, completando un poco más el concepto acerca de la conciencia, podríamos decir que se trata de una relación directa entre los cuerpos, de manera que sus aspectos superiores se conecten entre sí, de la misma manera que los inferiores, constituyendo dos polaridades dentro de cada cuerpo, que, cuando estén equilibradas, lo convertirán en un cuerpo luminoso, porque será radiactivo.
Y la conciencia es la relación entre ambas polaridades, es decir, entre la capacidad de proponer y la de realizar lo propuesto, existiendo una conciencia para cada cuerpo en manifestación, que, cuando se relacionan entre sí, la radiación trasciende al propio individuo y empieza a penetrar en las estructuras materiales más sutiles de los demás.
Respecto de las clases de energías, así como de electricidades, en las que predomina una polaridad sobre la otra, la filosofía hindú recurre a denominaciones numéricas, y vamos a emplearlas en este trabajo, por dos razones:
--porque también pueden deducirse aspectos interesantes respecto
de las relaciones entre los números, ya que la matemática es una
forma de expresar a la filosofía, así como que la filosofía es otra
forma de expresar a las matemáticas
--y porque nos resulta más cómodo a la hora de mencionarlas
Así pues, en lo sucesivo utilizaremos estas expresiones orientales, por lo tanto numéricas, al referirnos a las diferentes energías, polaridades o electricidades, e intentaremos asignar a cada polaridad un aspecto psicológico, que lo identificaremos con una determinada acción, tanto cuando se trate de las energías del hombre como cuando tratemos a las del ángel, con la diferencia, respecto de cuando hablemos del ángel, de que no podemos referenciar implicaciones en el mundo angélico, sino en el nuestro propio, es decir, en el humano.
Asimismo, diferenciaremos entre los aspectos superior e inferior de cada energía y para cada ser, sea hombre o sea ángel.