Sobre Agni Yoga
Agní (con acento en la í) es un vocablo sánscrito que significa fuego
y ha sido la manifestación del dios védico Agnídev, hijo de la diosa
Prithivi, la Madre Tierra o la Virgen, y del dios Diaus Pitar, "Dios
Padre", el mismo que Zeus, Júpiter o Jehová. Agní era el mensajero
entre Diaus y Prithivi, es decir, entre los dioses y los hombres.
Estos términos pertenecen a las ancestrales civilizaciones védicas, en
las que se han apoyado el hinduismo, la puránica, el indoeuropeo, el
zoroastrismo y el sánscrito, para dar lugar a las creencias teístas
actuales.
¿Que conclusión podemos deducir de ello?, que la mayor abstracción que
podemos expresar, (y será la mayor de las concreciones), es que Agní
es el medio entre dos, entre lo divino y lo humano, entre lo material
y lo inmaterial o espiritual.
De ahí la machacante expresión de todos los que han hablado sobre Agni
yoga, "expectación, observación y atención", ¿para qué?, para
posibilitar la relación entre los dos mundos, el divino y el humano,
pues, mientras se está atendiendo a lo humano, material o concreto, no
puede atenderse a lo divino, inmaterial o abstracto.
El yoga es una disciplina. En el momento en el que se dicta una
disciplina concreta, se está practicando yoga, pero hay que ver su
finalidad, ya que si su objetivo es conseguir algo respecto del mundo
material, sea físico, emocional o mental, no se corresponderá con Agni
yoga, porque no está relacionando el mundo inmaterial con el material,
sino dos mundos materiales.
A nivel individual, Agni Yoga puede significar el intento de
transmutar lo abstracto en concreto, de ahí la práctica de la atención
y de la observación, para ver qué existe en nosotros de abstracto e
intentar concretarlo.
En esta actitud individual, se pone en funcionamiento progresivamente un centro energético que media entre dos mundos del propio individuo, el inmaterial y el material, y este
centro, (todos lo identificamos), es el chacra cardíaco, que inicia la
actividad física de las glándulas pituitaria y pineal, mediante la
segregación de sus respectivas hormonas, que van a producir
determinados efectos en nuestro sistema nervioso, todo ello está
regido por el cerebro y el bulbo raquídeo, de tal manera que los
impulsos magnéticos del cerebro son de electricidad positiva y los del
bulbo negativa, hasta que las homonas de la pineal y de la pituitaria
son segregadas en tal cantidad, que ambos impulsos eléctricos se
combinan dentro del propio cuerpo físico, a través de la respiración y
de la sangre, desencadenando lo que místicamente determinamos
"antakarana".
Y todo ello porque se han relacionado los dos mundos dentro del propio
individuo, de tal manera que, como el mundo material es diversificado
y no se repite, es original, al contrario de lo inmaterial que es
grupal, el Agni yoga no puede concretarse para todos,de igual manera,
pero si que podemos expresarlo a través de nuestras propias
abstracciones, siempre que sean eso, "nuestras" y "abstracciones", de
esta manera, el lenguaje del corazón permite cualquier concreción,
siempre que provenga de una abstracción, pero es un lenguaje
incomprensible e inexistente cuando se expresa una concreción
proveniente de otra.
Si comprendemos al Agni yoga en estos términos, haremos realidad el
consejo de A. A. Bailey: "hablen de lo abstracto en sus reuniones
grupales" , porque hablar de lo concreto separa, promueve la discusión
y la justificación, evita la atención y centra la observación en
personalismos, lo que se traduce en comportamientos y disciplinas, que
serán yoga, pero no Agni.
Y todo esto no es más que otra opinión.
Eloy Millet
13 de julio de 2010
LA PALABRA
1.-La palabra y la intención
La palabra, combinada con la intención, que es su parte oculta, tiene el poder de crear, constituye el verbo creador, es un mántram.
Para que se active el verbo, la intención y la palabra pronunciada han de combinarse, penetrando la una en la otra y reproduciendo al fenómeno de la refracción, no al de la reflexión.
Supone la diferencia entre estar unidos o estar juntos.
Cuando tenemos doble intención y hablamos, creamos ambientes de exclusividad, porque a una intención la ocultamos aún reconociéndola, ya que, quizás no ofrezca al otro la imagen que queremos que tenga de nosotros, y a la otra, la expresamos incluso sabiendo que pudiera ser falsa, aumentamos la importancia de aquello que, decimos, nos ha sido revelado exclusivamente a nosotros, y parece que los discípulos sean los demás.
Así, creemos que la revelación ha de ser un hecho consumado, y buscamos hechos objetivos y perceptibles.
En cambio, si nuestro propósito careciese de objetivos materiales, no habría posibilidad de las dos intenciones, quizás manifestaríamos que todos pueden ser maestros, y por sí mismos.
Diríamos quizás, que lo importante no es lo que se nos haya revelado, sino aquello que seamos capaces de revelar, con la palabra y con la intención.
En este caso, no pretenderemos que lo revelado sea un hecho perceptible por los demás, sino una capacidad.
De un hecho a una capacidad va la misma diferencia que de lo espiritual a lo material, y es un proceso.
Este proceso supone desenergetizar progresivamente los centros por debajo del diafragma y potenciar, pausada e incesantemente, a los centros situados en la cabeza, detrayendo la acción de los músculos abdominales cuando hablamos, y acrecentando la acción de los pectorales, con lo que se pausa el ritmo respiratorio sin necesidad de yogas, las glándulas pineal y pituitaria combinan sus hormonas templando al sistema nervioso, y lo que tiene mayor trascendencia, que se desintegran las tramas etéricas.
En el 2.008, el telescopio europeo XMM-Newton, encontró pruebas visuales y ondas electromagnéticas, que determinan la existencia de una red cósmica en cuyos nodos se sitúan las galaxias, como filamentos gaseosos que conectan todo lo que existe, y a su vez, separan a unas galaxias de otras.
También el cosmos tiene su trama etérica. Ya se sabe: “Tal es arriba como abajo”
Si pensáramos que al pronunciar una palabra, alguien pudiera contemplar nuestra trama etérica y ver nuestras intenciones, quizás hablaríamos de otra forma, ante la vergonzante posibilidad de ser descubiertos, pero preferimos no dar crédito a este hecho, y de las dos felicidades, elegimos la de la ignorancia.
2.-La trama etérica
La trama etérica existe en nuestras estructuras para proteger y separar a dos planos de manifestación.
A medida que nuestro objetivo se haga menos material, conectamos planos superiores con inferiores, desintegrándose la red etérica entre ellos.
La palabra está en proceso de convertirse en verbo.
Todo mago de la luz, o del equilibrio, actúa sin esta trama etérica, mientras que el mago del desequilibrio la potencia, y cuanto más tupida sea, mayor será su poder, porque aísla a un plano de otro, y ese es su objetivo, separar evitando la combinación y la refracción.
La trama etérica de mayor densidad se sitúa en el cuarto subplano de cada plano, separando a los tres superiores de los tres inferiores, y obstaculizando la actividad del cuarto, que se caracteriza por producir equilibrio, y si el 4º estrato no está activo, manifestaremos la separación y el desequilibrio de nuestros propios cuerpos.
La filosofía oriental invoca a la actividad creadora de todo lo objetivo con el mámtram AUM, es decir, a la perfecta relación entre los cuerpos mental, astral y físico.
Asimismo, OM invoca desde los mundos subjetivos.
Cuando OM encuentra respuesta en el AUM, se manifiesta el verbo creador mediante el correspondiente sonido, constituyendo un fenómeno real de refracción, tal como estamos repitiendo, y sin trama etérica que obstaculice, ni la combinación del OM con el AUM, ni la de la pituitaria con la pineal, lo que provoca la radiación, y este proceso refractario no puede detenerse ante las distancias ni ante el tiempo.
Toda criatura, sea del reino que sea, absorbe la radiación que le corresponde, o prana, y del Sol llegan a la superficie terrestre radiaciones de altísima frecuencia, así como otras de valores muy bajos, radiaciones que vivifican a todos los seres en todos los reinos, absorbiéndolas según su cuerpo etérico y según que exista o no.
El hecho de que nosotros absorbamos a una u otra frecuencia, depende de dos factores:
1º.-de dónde gestamos la intención, si es física, astral, mental o si proviene de más allá del propio plano mental
2º.-y de la densidad y consistencia de nuestra trama etérica
3.-La palabra y el sonido
Cuando la palabra expresa a una capacidad y no a un hecho, se ha convertido en verbo creador, y se pronuncia desde el cuarto subplano de cada plano, pero resulta imposible su pronunciación si existen las tramas etéricas, porque son los aislantes de la relación entre lo superior y lo inferior, y aunque se pronuncie, no producirá efecto alguno en el mundo material, porque se ha pronunciado desde la propia materia.
Y a pesar de ello, es el único camino hacia el desarrollo de la palabra mamtrámica.
Este largo proceso, en el que todos sin excepción nos hallamos inmersos, en uno u otro grado, provoca una gran inseguridad en lo que hacemos.
Esta inseguridad, podría tener una posible explicación en el principio científico de incertidumbre, por el que a una partícula subatómica no podemos localizarla en un lugar y en un momento, tan solo sabemos que ocupa un espacio, y el tiempo y su velocidad de movimientos los cuantificamos únicamente en términos de probabilidad, imposible medirlos con certeza, porque no tienen una trayectoria estable y definida.
Es el reflejo de la inseguridad en la materia.
Pero en el mundo inmaterial no existe tal incertidumbre, sino la absoluta certeza, y nuestra ciencia no puede todavía cuantificar a lo oculto, porque existen intereses para que no se abandone a lo conocido, y tendencias que rechazan a lo nuevo.
Nos empeñamos en medir a lo novedoso con viejas herramientas.
La actividad en un grado superior, requiere del abandono absoluto del conocimiento que otorga el grado que se posee.
Y ¿quién está dispuesto a abandonar lo que le está reportando un beneficio, o lo que tanto esfuerzo le ha costado?, sin embargo, es requisito indispensable para acceder a una capacidad superior, actitud que, según la leyenda, es la que destierra al pueblo judío, convirtiéndolo en un pueblo errante, porque ha pretendido el acceso al mundo espiritual sin dejar los parabienes materiales conseguidos.
Pero no solo nos ocurre a los científicos, también a los místicos, porque pretendemos argumentar sobre el mundo espiritual sin cambiar nuestras creencias concretas.
A creencia nueva hacen falta nuevas expresiones, tanto científicas como místicas, o ¿acaso no se zarandeó el mundo científico al derrumbarse afirmaciones categóricas, tales como que La Tierra es plana o que el Sol gira a su alrededor?
De la misma manera se derrumban las místicas, y para las nuevas ciencia y mística, se precisan nuevas palabras que afinen el sonido de la nota FA, precisamente la cuarta, a través de la armonía entre dos grupos en conflicto, el de Do, RE y MI, y el de Sol, La y Si.
4.-La palabra y la vibración
La combinación entre lo superior y lo inferior hace de la palabra un verbo creador, permitiendo la refracción de la energía, desde lo sutil hacia lo denso.
Para ello han de combinarse dos actitudes:
1ª.-actuar conscientemente ahora y aquí, es decir en tiempo y espacio, es esa cualidad a la que llamamos oportunidad (Agustín de Hipona: “Dios creó al mundo con el tiempo, no en el tiempo”)
La oportunidad tiene una expresión mística, el sonido. La articulación armónica de sonidos constituye la palabra, y si esta es oportuna, será creadora, será mámtram y será verbo.
2ª.-Aprender a identificar y a separar los objetivos materiales, de los sensitivos y de los mentales, intentando en cada propuesta, que exista mayor cantidad de sustancia mental que de las otras dos.
El resultado supone el control de toda actitud física, desde la mente y no desde el deseo, de esta manera, la frecuencia vibratoria del sonido mental llega a reproducirse, oportuna y exactamente, en el mundo físico, a través de la sensibilidad astral.
Con esto, la palabra habrá creado formas, primero con la sustancia mental, después con la sensibilidad astral, y acabará creando en el mundo físico con una materia nueva.
Cualquier variación de este orden, produce desequilibrios y no crea nada, tan solo reproduce.
5.-La palabra y el color
Se nos dice que la palabra se manifiesta mediante la combinación de los tres colores lumínicos primarios, el rojo, el azul y el verde.
(En la práctica de la alquimia, se han considerado el negro, el rojo y el blanco)
Cuando la mente con el azul, la sensibilidad con el verde y la percepción física con el rojo, actúan al unísono, bajo un mandato ajeno a las tres, que se combinan, comienza a dibujarse el color blanco, ese color que se manifiesta cuando una energía espiritual se invierte completamente en el mundo material, de tal manera que ambas energías tengan la misma potencia.
De otra manera pronunciaríamos una sola palabra, si nos diésemos cuenta de que, cualquiera entre nosotros, puede estar contemplando nuestras emanaciones cromáticas, pero preferimos ignorarlo y hablamos con un tremendo caudal de palabrería vana y vacua, dejándonos llevar por las innumerables voces de nuestras naturalezas inferiores, pronunciando palabras con los músculos abdominales, incluso levantando la voz o agitando la respiración.
Pretendemos dejar nuestra impronta en los demás.
Todos estamos inmersos en estos procesos, y todos sin excepción hemos de vivirlo en algún momento, por lo que nadie tiene al infierno por destino.
Al hablar, hacemos audibles a los demás nuestros ocultos pensamientos e intenciones, y entre nosotros, hay quien oye la palabra sin ver la intención, pero también hay quien ve y oye a la vez.
Esta es la razón del por qué existe cuerpo etérico en nuestras estructuras, porque utilizamos la palabra para manifestar algo que no tiene correspondencia con lo que sabemos de nosotros mismos, y al no reconocernos, emitimos sonidos inarmónicos y colores embrutecidos, debido a las mezclas sucesivas y desproporcionadas, mezclas que impiden la combinación.
6.-La palabra y la idea
La palabra que pronunciamos manifiesta una de las dos secuencias siguientes:
1ª.-Si en primer lugar identificamos a una idea sin forma, a la que percibimos como una nebulosa, sin ningún atractivo, estructuraremos después el correspondiente pensamiento, que ya empieza a atraernos, por lo que desearemos expresarla y acabaremos expresándola, adquiriendo forma aquella idea.
Idea, pensamiento, sensibilidad y acto, Esta es la secuencia, va desde lo sutil hacia lo denso, desde lo espiritual hacia lo material.
2ª.-Es a la inversa, desde lo denso hacia lo sutil, y como la energía de lo denso es menor que la de lo sutil, debido a la trama etérica, nunca puede llegar a ser un pensamiento nuevo, quedándose como mucho en un sentimiento, ya que no hemos creado a los pensamientos que expresamos, sino que los hemos copiado.
No se trata de discutir sobre qué secuencia es la correcta, ni de especular acerca de la conveniencia de que sea de una o de otra manera, sino de presentar dos oportunidades y que cada cual escoja la suya y a su tiempo, que será la mejor, sin duda.
Sin embargo, sometemos a la consideración de cada cual un posible método:
-intentemos identificar en nosotros mismos a dos pensamientos semejantes, vamos a resumirlos en uno, y lo intentamos con otros dos y así sucesivamente, hasta que todo nuestro cuerpo mental concreto quede resumido, tan solo, a dos pensamientos.
Cuando nos atrevamos y podamos dar el paso para reunirlos en uno solo, entonces, y tan solo entonces, descubriremos de dónde proviene este único pensamiento, descubriremos a la idea que nos lo originó, y esta idea será tan real y perceptible como lo han sido cada uno de los anteriores pensamientos.
Para ello, tan solo se requiere el cese de la dualidad, habremos sustituido una cosa por otra, y habremos aprendido que el único método que desintegra, sin destruir, es el de la sustitución, nunca el de la violenta supresión.
Es la diferencia entre descubrir y conquistar, la misma que hay entre la teúrgia y la goecia.
7.-La palabra y la oportunidad
Este es un proceso en el tiempo, que lo dilata hasta convertirlo en espacio.
Si descubrimos a la idea, habremos descubierto nuestro propio espacio, en lugar de conquistarlo, espacio en el que podremos pulsar cualquiera de sus infinitos puntos temporales, y ¿no es este el don de la oportunidad que da poder a una palabra?
Las posibles combinaciones entre pensamientos, sensibilidades y actitudes, configuran las distintas palabras que expresamos, correspondiéndose con tres de las cuatro premisas de Aristóteles, que son la sustancia, la forma y la materia, pero la cuarta continúa ausente, la esencia, y la esencia es otro nombre de la idea generadora del resto.
El artífice de la magia blanca trabaja solo con la esencia, con la idea, mientras que el otro mago dispone del resto.
Este método es una abstracción, que cada cual tendrá que concretar, según sus individuales y peculiares cuerpos de manifestación.
La diferencia entre las dos magias, no es otra sino la velocidad con la que nos movemos desde un lugar hacia otro, es decir, la vibración o frecuencia vibratoria, que místicamente considerada, es el viaje desde el espíritu a la materia, lo que se traduce en un propósito individual y posible.
Cuando espíritu y materia contactan y se combinan, producen sonido, color y forma, y este contacto nos permite diferenciar entre poseer muchos pensamientos sin una idea, que son los conocimientos y los hechos, o una sola idea que produce infinitos pensamientos, lo que constituye una capacidad.
De ahí la inseguridad que caracteriza al aprendizaje, porque se requiere del abandono de pensamientos, conocimientos y hechos.
Cada cota descubierta, sin la violencia de una conquista ni la imposición de una creencia, supone una certeza, y de la misma manera que se desintegran las tramas etéricas, desaparece la inseguridad.
8.-El lenguaje
Es la expresión de la palabra en cada sociedad, y lo utilizamos a la ligera, porque no dominamos cómo ni por qué hablamos.
En este aprendizaje se llega a descubrir lo que se logra con la palabra y qué sucede al hablar, porque podemos ver la vibración, el color y el sonido de cada lenguaje, de una manera tan preclara y cierta como cuando oímos a quien nos habla.
De esta manera, se sabe de los momentos en los que resultaría oportuno hablar o callar, se sabe si existen obstáculos y trabas que dificultan el habla o no, y lo que es más importante, se llega a percibir si existe actividad mental en quien nos escucha, o si predomina una actividad basada en la impresión sensitiva, por lo tanto, en algún interés personal o en una tendencia dominante.
Y en esto consiste el poder del silencio, que no significa abstenerse de hablar, sino en hablar oportunamente.
Así pues, la palabra, a través del lenguaje, tiene tres planos de expresión, tres características y tres actitudes íntimamente relacionadas:
-el plano mental, con el sonido y con la actividad de pensar
-el plano astral, con el color y con la sensibilidad
-y el plano físico, con la vibración y con la actitud
Si nos falta la expresión mental, aquellos seres que producen el color no encuentran sonido, por lo que han de utilizar otro color ya existente, y la sucesiva utilización de colores preestablecidos, los embrutece y los afea.
Los ángeles que producen la vibración material, han de nutrirse de colores mezclados, embrutecidos y afeados, y por la misma razón, utilizan vibraciones similares ya existentes, reproduciendo materias creadas ya hace mucho tiempo, demasiado tiempo quizás.
Si repasamos la historia nos da la impresión de que estamos viviendo en semejantes circunstancias a las de nuestros antepasados.
Estos seres angélicos, que han de valerse de materias ya hechas, no tienen la oportunidad de crear nuevos materiales, por lo que no se relacionan con aquellos ángeles que, desde planos inmateriales, pueden proporcionarles esa energía en estado puro, que unos transmutarán en sonido, otros en color y otros en nueva materia vibratoria, y así se conformará un nuevo orden social.
Todos los seres angélicos que trabajan con el sonido, con el color o con los estados vibratorios, son los llamados “elementales constructores”, cuya actividad se desarrolla en uno de estos dos aspectos:
1º.-o disponen de una orden proveniente del plano inmediato superior, relacionándose los ángeles de dos planos distintos
2º.-o la orden proviene del mismo plano en el que tienen su actividad, y no pueden comunicarse con los ángeles de planos superiores, porque existe un obstáculo, la trama etérica humana.
9.-El andrógino
La palabra, pues, es el medio de expresión que puede pronunciarse en el mismo plano que su acción ejecutora, o que la pronunciación y su ejecución correspondan a planos distintos, permitiendo entonces la relación entre lo superior y lo inferior.
A la primera le debemos el ruido y a la segunda la armonía.
Esta armonía es la del artista cuando materializa su inspiración.
Se trata de articular palabras vitalizándolas con las energías regidas por el centro genital o por las del laríngeo.
Las genitales tiran hacia abajo, hacia aspectos cada vez más materiales, porque tienden a conectarse con los centros inferiores, cuyo máximo grado de expresión puede llegar, incluso, hasta un pensamiento, pero nunca a una idea.
Las del centro laríngeo tiran hacia arriba para conectar con los superiores, cuya mínima expresión se corresponde con la idea.
Así pues, el desequilibrio tiene muchas más oportunidades que el equilibrio, ya que dispone del sonido, del color y de la vibración para todas sus manifestaciones, y a través de nuestra palabra.
Quien pretenda expresar el equilibrio, tan solo dispone de una e irrepetible ocasión, de ahí el arduo aprendizaje que supone ser oportuno, es “el filo de la navaja”, pues la idea es autónoma, existe sola y por sí misma, tiene luz propia como una estrella, mientras que los pensamientos son infinitos en número y han de apoyarse los unos en los otros, de la misma manera que también se destruyen mutuamente, porque su acción se basa en la conquista, no en el descubrimiento.
La intención pronuncia el nombre oculto y la palabra manifiesta el nombre externo.
Pronunciar el nombre externo carece del poder de crear, porque no tiene conexión con los mundos sutiles, pero tiene todo el poder de su materia.
OM pronunciado desde la materia, carece de poder, excita la imaginación y acrecienta el deseo, creando la angustia propia de lo imposible.
Sin embargo, AUM tiene el poder de toda la materia, es el que utiliza el mago del desequilibrio, pero no puede pronunciar OM, porque su pronunciación ha de sonar en el mundo inmaterial, para ser escuchado en la materia, este es el oculto fenómeno de la refracción, o si lo preferís, es la revelación de una verdad individual.
Cuando existe conexión entre los mundos materiales y el espiritual, es OM quien pronuncia al colorido AUM, para producir un sonido y un color puros, es el verbo que pronuncia el nombre oculto, un nombre que resuena, se refracta y reverbera, a través de infinitas vibraciones armónicas, sin embargo, estas vibraciones cesarán cuando encuentren una trama etérica.
Si no existe tal red etérica, todas las huestes angélicas, tanto las espirituales como las que manipulan estructuras materiales, se habrán unido trabajando al unísono, desde lo sutil hacia lo denso, y no al contrario, haciendo que el ser humano y el angélico abandonen sus propias identidades, en aras de una tercera, la del mago creador, que ya no es hombre ni ángel, sino ambos unidos, o mejor dicho, combinados, ya que no pueden mezclarse.
Este mago es el andrógino, y quien aprenda la palabra del lenguaje oculto, se abstendrá de hablar por los métodos de los lenguajes ordinarios, porque para llegar al andrógino, el ser humano ha de dejar de serlo y ha de dejar de actuar como tal, y el ángel también.
Marzo 2010
Eloy Millet Monzó
La palabra, combinada con la intención, que es su parte oculta, tiene el poder de crear, constituye el verbo creador, es un mántram.
Para que se active el verbo, la intención y la palabra pronunciada han de combinarse, penetrando la una en la otra y reproduciendo al fenómeno de la refracción, no al de la reflexión.
Supone la diferencia entre estar unidos o estar juntos.
Cuando tenemos doble intención y hablamos, creamos ambientes de exclusividad, porque a una intención la ocultamos aún reconociéndola, ya que, quizás no ofrezca al otro la imagen que queremos que tenga de nosotros, y a la otra, la expresamos incluso sabiendo que pudiera ser falsa, aumentamos la importancia de aquello que, decimos, nos ha sido revelado exclusivamente a nosotros, y parece que los discípulos sean los demás.
Así, creemos que la revelación ha de ser un hecho consumado, y buscamos hechos objetivos y perceptibles.
En cambio, si nuestro propósito careciese de objetivos materiales, no habría posibilidad de las dos intenciones, quizás manifestaríamos que todos pueden ser maestros, y por sí mismos.
Diríamos quizás, que lo importante no es lo que se nos haya revelado, sino aquello que seamos capaces de revelar, con la palabra y con la intención.
En este caso, no pretenderemos que lo revelado sea un hecho perceptible por los demás, sino una capacidad.
De un hecho a una capacidad va la misma diferencia que de lo espiritual a lo material, y es un proceso.
Este proceso supone desenergetizar progresivamente los centros por debajo del diafragma y potenciar, pausada e incesantemente, a los centros situados en la cabeza, detrayendo la acción de los músculos abdominales cuando hablamos, y acrecentando la acción de los pectorales, con lo que se pausa el ritmo respiratorio sin necesidad de yogas, las glándulas pineal y pituitaria combinan sus hormonas templando al sistema nervioso, y lo que tiene mayor trascendencia, que se desintegran las tramas etéricas.
En el 2.008, el telescopio europeo XMM-Newton, encontró pruebas visuales y ondas electromagnéticas, que determinan la existencia de una red cósmica en cuyos nodos se sitúan las galaxias, como filamentos gaseosos que conectan todo lo que existe, y a su vez, separan a unas galaxias de otras.
También el cosmos tiene su trama etérica. Ya se sabe: “Tal es arriba como abajo”
Si pensáramos que al pronunciar una palabra, alguien pudiera contemplar nuestra trama etérica y ver nuestras intenciones, quizás hablaríamos de otra forma, ante la vergonzante posibilidad de ser descubiertos, pero preferimos no dar crédito a este hecho, y de las dos felicidades, elegimos la de la ignorancia.
2.-La trama etérica
La trama etérica existe en nuestras estructuras para proteger y separar a dos planos de manifestación.
A medida que nuestro objetivo se haga menos material, conectamos planos superiores con inferiores, desintegrándose la red etérica entre ellos.
La palabra está en proceso de convertirse en verbo.
Todo mago de la luz, o del equilibrio, actúa sin esta trama etérica, mientras que el mago del desequilibrio la potencia, y cuanto más tupida sea, mayor será su poder, porque aísla a un plano de otro, y ese es su objetivo, separar evitando la combinación y la refracción.
La trama etérica de mayor densidad se sitúa en el cuarto subplano de cada plano, separando a los tres superiores de los tres inferiores, y obstaculizando la actividad del cuarto, que se caracteriza por producir equilibrio, y si el 4º estrato no está activo, manifestaremos la separación y el desequilibrio de nuestros propios cuerpos.
La filosofía oriental invoca a la actividad creadora de todo lo objetivo con el mámtram AUM, es decir, a la perfecta relación entre los cuerpos mental, astral y físico.
Asimismo, OM invoca desde los mundos subjetivos.
Cuando OM encuentra respuesta en el AUM, se manifiesta el verbo creador mediante el correspondiente sonido, constituyendo un fenómeno real de refracción, tal como estamos repitiendo, y sin trama etérica que obstaculice, ni la combinación del OM con el AUM, ni la de la pituitaria con la pineal, lo que provoca la radiación, y este proceso refractario no puede detenerse ante las distancias ni ante el tiempo.
Toda criatura, sea del reino que sea, absorbe la radiación que le corresponde, o prana, y del Sol llegan a la superficie terrestre radiaciones de altísima frecuencia, así como otras de valores muy bajos, radiaciones que vivifican a todos los seres en todos los reinos, absorbiéndolas según su cuerpo etérico y según que exista o no.
El hecho de que nosotros absorbamos a una u otra frecuencia, depende de dos factores:
1º.-de dónde gestamos la intención, si es física, astral, mental o si proviene de más allá del propio plano mental
2º.-y de la densidad y consistencia de nuestra trama etérica
3.-La palabra y el sonido
Cuando la palabra expresa a una capacidad y no a un hecho, se ha convertido en verbo creador, y se pronuncia desde el cuarto subplano de cada plano, pero resulta imposible su pronunciación si existen las tramas etéricas, porque son los aislantes de la relación entre lo superior y lo inferior, y aunque se pronuncie, no producirá efecto alguno en el mundo material, porque se ha pronunciado desde la propia materia.
Y a pesar de ello, es el único camino hacia el desarrollo de la palabra mamtrámica.
Este largo proceso, en el que todos sin excepción nos hallamos inmersos, en uno u otro grado, provoca una gran inseguridad en lo que hacemos.
Esta inseguridad, podría tener una posible explicación en el principio científico de incertidumbre, por el que a una partícula subatómica no podemos localizarla en un lugar y en un momento, tan solo sabemos que ocupa un espacio, y el tiempo y su velocidad de movimientos los cuantificamos únicamente en términos de probabilidad, imposible medirlos con certeza, porque no tienen una trayectoria estable y definida.
Es el reflejo de la inseguridad en la materia.
Pero en el mundo inmaterial no existe tal incertidumbre, sino la absoluta certeza, y nuestra ciencia no puede todavía cuantificar a lo oculto, porque existen intereses para que no se abandone a lo conocido, y tendencias que rechazan a lo nuevo.
Nos empeñamos en medir a lo novedoso con viejas herramientas.
La actividad en un grado superior, requiere del abandono absoluto del conocimiento que otorga el grado que se posee.
Y ¿quién está dispuesto a abandonar lo que le está reportando un beneficio, o lo que tanto esfuerzo le ha costado?, sin embargo, es requisito indispensable para acceder a una capacidad superior, actitud que, según la leyenda, es la que destierra al pueblo judío, convirtiéndolo en un pueblo errante, porque ha pretendido el acceso al mundo espiritual sin dejar los parabienes materiales conseguidos.
Pero no solo nos ocurre a los científicos, también a los místicos, porque pretendemos argumentar sobre el mundo espiritual sin cambiar nuestras creencias concretas.
A creencia nueva hacen falta nuevas expresiones, tanto científicas como místicas, o ¿acaso no se zarandeó el mundo científico al derrumbarse afirmaciones categóricas, tales como que La Tierra es plana o que el Sol gira a su alrededor?
De la misma manera se derrumban las místicas, y para las nuevas ciencia y mística, se precisan nuevas palabras que afinen el sonido de la nota FA, precisamente la cuarta, a través de la armonía entre dos grupos en conflicto, el de Do, RE y MI, y el de Sol, La y Si.
4.-La palabra y la vibración
La combinación entre lo superior y lo inferior hace de la palabra un verbo creador, permitiendo la refracción de la energía, desde lo sutil hacia lo denso.
Para ello han de combinarse dos actitudes:
1ª.-actuar conscientemente ahora y aquí, es decir en tiempo y espacio, es esa cualidad a la que llamamos oportunidad (Agustín de Hipona: “Dios creó al mundo con el tiempo, no en el tiempo”)
La oportunidad tiene una expresión mística, el sonido. La articulación armónica de sonidos constituye la palabra, y si esta es oportuna, será creadora, será mámtram y será verbo.
2ª.-Aprender a identificar y a separar los objetivos materiales, de los sensitivos y de los mentales, intentando en cada propuesta, que exista mayor cantidad de sustancia mental que de las otras dos.
El resultado supone el control de toda actitud física, desde la mente y no desde el deseo, de esta manera, la frecuencia vibratoria del sonido mental llega a reproducirse, oportuna y exactamente, en el mundo físico, a través de la sensibilidad astral.
Con esto, la palabra habrá creado formas, primero con la sustancia mental, después con la sensibilidad astral, y acabará creando en el mundo físico con una materia nueva.
Cualquier variación de este orden, produce desequilibrios y no crea nada, tan solo reproduce.
5.-La palabra y el color
Se nos dice que la palabra se manifiesta mediante la combinación de los tres colores lumínicos primarios, el rojo, el azul y el verde.
(En la práctica de la alquimia, se han considerado el negro, el rojo y el blanco)
Cuando la mente con el azul, la sensibilidad con el verde y la percepción física con el rojo, actúan al unísono, bajo un mandato ajeno a las tres, que se combinan, comienza a dibujarse el color blanco, ese color que se manifiesta cuando una energía espiritual se invierte completamente en el mundo material, de tal manera que ambas energías tengan la misma potencia.
De otra manera pronunciaríamos una sola palabra, si nos diésemos cuenta de que, cualquiera entre nosotros, puede estar contemplando nuestras emanaciones cromáticas, pero preferimos ignorarlo y hablamos con un tremendo caudal de palabrería vana y vacua, dejándonos llevar por las innumerables voces de nuestras naturalezas inferiores, pronunciando palabras con los músculos abdominales, incluso levantando la voz o agitando la respiración.
Pretendemos dejar nuestra impronta en los demás.
Todos estamos inmersos en estos procesos, y todos sin excepción hemos de vivirlo en algún momento, por lo que nadie tiene al infierno por destino.
Al hablar, hacemos audibles a los demás nuestros ocultos pensamientos e intenciones, y entre nosotros, hay quien oye la palabra sin ver la intención, pero también hay quien ve y oye a la vez.
Esta es la razón del por qué existe cuerpo etérico en nuestras estructuras, porque utilizamos la palabra para manifestar algo que no tiene correspondencia con lo que sabemos de nosotros mismos, y al no reconocernos, emitimos sonidos inarmónicos y colores embrutecidos, debido a las mezclas sucesivas y desproporcionadas, mezclas que impiden la combinación.
6.-La palabra y la idea
La palabra que pronunciamos manifiesta una de las dos secuencias siguientes:
1ª.-Si en primer lugar identificamos a una idea sin forma, a la que percibimos como una nebulosa, sin ningún atractivo, estructuraremos después el correspondiente pensamiento, que ya empieza a atraernos, por lo que desearemos expresarla y acabaremos expresándola, adquiriendo forma aquella idea.
Idea, pensamiento, sensibilidad y acto, Esta es la secuencia, va desde lo sutil hacia lo denso, desde lo espiritual hacia lo material.
2ª.-Es a la inversa, desde lo denso hacia lo sutil, y como la energía de lo denso es menor que la de lo sutil, debido a la trama etérica, nunca puede llegar a ser un pensamiento nuevo, quedándose como mucho en un sentimiento, ya que no hemos creado a los pensamientos que expresamos, sino que los hemos copiado.
No se trata de discutir sobre qué secuencia es la correcta, ni de especular acerca de la conveniencia de que sea de una o de otra manera, sino de presentar dos oportunidades y que cada cual escoja la suya y a su tiempo, que será la mejor, sin duda.
Sin embargo, sometemos a la consideración de cada cual un posible método:
-intentemos identificar en nosotros mismos a dos pensamientos semejantes, vamos a resumirlos en uno, y lo intentamos con otros dos y así sucesivamente, hasta que todo nuestro cuerpo mental concreto quede resumido, tan solo, a dos pensamientos.
Cuando nos atrevamos y podamos dar el paso para reunirlos en uno solo, entonces, y tan solo entonces, descubriremos de dónde proviene este único pensamiento, descubriremos a la idea que nos lo originó, y esta idea será tan real y perceptible como lo han sido cada uno de los anteriores pensamientos.
Para ello, tan solo se requiere el cese de la dualidad, habremos sustituido una cosa por otra, y habremos aprendido que el único método que desintegra, sin destruir, es el de la sustitución, nunca el de la violenta supresión.
Es la diferencia entre descubrir y conquistar, la misma que hay entre la teúrgia y la goecia.
7.-La palabra y la oportunidad
Este es un proceso en el tiempo, que lo dilata hasta convertirlo en espacio.
Si descubrimos a la idea, habremos descubierto nuestro propio espacio, en lugar de conquistarlo, espacio en el que podremos pulsar cualquiera de sus infinitos puntos temporales, y ¿no es este el don de la oportunidad que da poder a una palabra?
Las posibles combinaciones entre pensamientos, sensibilidades y actitudes, configuran las distintas palabras que expresamos, correspondiéndose con tres de las cuatro premisas de Aristóteles, que son la sustancia, la forma y la materia, pero la cuarta continúa ausente, la esencia, y la esencia es otro nombre de la idea generadora del resto.
El artífice de la magia blanca trabaja solo con la esencia, con la idea, mientras que el otro mago dispone del resto.
Este método es una abstracción, que cada cual tendrá que concretar, según sus individuales y peculiares cuerpos de manifestación.
La diferencia entre las dos magias, no es otra sino la velocidad con la que nos movemos desde un lugar hacia otro, es decir, la vibración o frecuencia vibratoria, que místicamente considerada, es el viaje desde el espíritu a la materia, lo que se traduce en un propósito individual y posible.
Cuando espíritu y materia contactan y se combinan, producen sonido, color y forma, y este contacto nos permite diferenciar entre poseer muchos pensamientos sin una idea, que son los conocimientos y los hechos, o una sola idea que produce infinitos pensamientos, lo que constituye una capacidad.
De ahí la inseguridad que caracteriza al aprendizaje, porque se requiere del abandono de pensamientos, conocimientos y hechos.
Cada cota descubierta, sin la violencia de una conquista ni la imposición de una creencia, supone una certeza, y de la misma manera que se desintegran las tramas etéricas, desaparece la inseguridad.
8.-El lenguaje
Es la expresión de la palabra en cada sociedad, y lo utilizamos a la ligera, porque no dominamos cómo ni por qué hablamos.
En este aprendizaje se llega a descubrir lo que se logra con la palabra y qué sucede al hablar, porque podemos ver la vibración, el color y el sonido de cada lenguaje, de una manera tan preclara y cierta como cuando oímos a quien nos habla.
De esta manera, se sabe de los momentos en los que resultaría oportuno hablar o callar, se sabe si existen obstáculos y trabas que dificultan el habla o no, y lo que es más importante, se llega a percibir si existe actividad mental en quien nos escucha, o si predomina una actividad basada en la impresión sensitiva, por lo tanto, en algún interés personal o en una tendencia dominante.
Y en esto consiste el poder del silencio, que no significa abstenerse de hablar, sino en hablar oportunamente.
Así pues, la palabra, a través del lenguaje, tiene tres planos de expresión, tres características y tres actitudes íntimamente relacionadas:
-el plano mental, con el sonido y con la actividad de pensar
-el plano astral, con el color y con la sensibilidad
-y el plano físico, con la vibración y con la actitud
Si nos falta la expresión mental, aquellos seres que producen el color no encuentran sonido, por lo que han de utilizar otro color ya existente, y la sucesiva utilización de colores preestablecidos, los embrutece y los afea.
Los ángeles que producen la vibración material, han de nutrirse de colores mezclados, embrutecidos y afeados, y por la misma razón, utilizan vibraciones similares ya existentes, reproduciendo materias creadas ya hace mucho tiempo, demasiado tiempo quizás.
Si repasamos la historia nos da la impresión de que estamos viviendo en semejantes circunstancias a las de nuestros antepasados.
Estos seres angélicos, que han de valerse de materias ya hechas, no tienen la oportunidad de crear nuevos materiales, por lo que no se relacionan con aquellos ángeles que, desde planos inmateriales, pueden proporcionarles esa energía en estado puro, que unos transmutarán en sonido, otros en color y otros en nueva materia vibratoria, y así se conformará un nuevo orden social.
Todos los seres angélicos que trabajan con el sonido, con el color o con los estados vibratorios, son los llamados “elementales constructores”, cuya actividad se desarrolla en uno de estos dos aspectos:
1º.-o disponen de una orden proveniente del plano inmediato superior, relacionándose los ángeles de dos planos distintos
2º.-o la orden proviene del mismo plano en el que tienen su actividad, y no pueden comunicarse con los ángeles de planos superiores, porque existe un obstáculo, la trama etérica humana.
9.-El andrógino
La palabra, pues, es el medio de expresión que puede pronunciarse en el mismo plano que su acción ejecutora, o que la pronunciación y su ejecución correspondan a planos distintos, permitiendo entonces la relación entre lo superior y lo inferior.
A la primera le debemos el ruido y a la segunda la armonía.
Esta armonía es la del artista cuando materializa su inspiración.
Se trata de articular palabras vitalizándolas con las energías regidas por el centro genital o por las del laríngeo.
Las genitales tiran hacia abajo, hacia aspectos cada vez más materiales, porque tienden a conectarse con los centros inferiores, cuyo máximo grado de expresión puede llegar, incluso, hasta un pensamiento, pero nunca a una idea.
Las del centro laríngeo tiran hacia arriba para conectar con los superiores, cuya mínima expresión se corresponde con la idea.
Así pues, el desequilibrio tiene muchas más oportunidades que el equilibrio, ya que dispone del sonido, del color y de la vibración para todas sus manifestaciones, y a través de nuestra palabra.
Quien pretenda expresar el equilibrio, tan solo dispone de una e irrepetible ocasión, de ahí el arduo aprendizaje que supone ser oportuno, es “el filo de la navaja”, pues la idea es autónoma, existe sola y por sí misma, tiene luz propia como una estrella, mientras que los pensamientos son infinitos en número y han de apoyarse los unos en los otros, de la misma manera que también se destruyen mutuamente, porque su acción se basa en la conquista, no en el descubrimiento.
La intención pronuncia el nombre oculto y la palabra manifiesta el nombre externo.
Pronunciar el nombre externo carece del poder de crear, porque no tiene conexión con los mundos sutiles, pero tiene todo el poder de su materia.
OM pronunciado desde la materia, carece de poder, excita la imaginación y acrecienta el deseo, creando la angustia propia de lo imposible.
Sin embargo, AUM tiene el poder de toda la materia, es el que utiliza el mago del desequilibrio, pero no puede pronunciar OM, porque su pronunciación ha de sonar en el mundo inmaterial, para ser escuchado en la materia, este es el oculto fenómeno de la refracción, o si lo preferís, es la revelación de una verdad individual.
Cuando existe conexión entre los mundos materiales y el espiritual, es OM quien pronuncia al colorido AUM, para producir un sonido y un color puros, es el verbo que pronuncia el nombre oculto, un nombre que resuena, se refracta y reverbera, a través de infinitas vibraciones armónicas, sin embargo, estas vibraciones cesarán cuando encuentren una trama etérica.
Si no existe tal red etérica, todas las huestes angélicas, tanto las espirituales como las que manipulan estructuras materiales, se habrán unido trabajando al unísono, desde lo sutil hacia lo denso, y no al contrario, haciendo que el ser humano y el angélico abandonen sus propias identidades, en aras de una tercera, la del mago creador, que ya no es hombre ni ángel, sino ambos unidos, o mejor dicho, combinados, ya que no pueden mezclarse.
Este mago es el andrógino, y quien aprenda la palabra del lenguaje oculto, se abstendrá de hablar por los métodos de los lenguajes ordinarios, porque para llegar al andrógino, el ser humano ha de dejar de serlo y ha de dejar de actuar como tal, y el ángel también.
Marzo 2010
Eloy Millet Monzó
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