28 de diciembre de 2009

Los otros, los demás y yo

Los otros, los demás y yo.

Todavía queda escarcha.
El aire expirado forma una nubecilla afanosa por reunirse con las diminutas gotas acuosas que bailan y se mecen, justamente, en la superficie del arroyo.

Ahora, me atrae la atención un vacío envase, orilleando.
A los pocos pasos, el chorro del vertedero de la fábrica, y lo nítido se torna opaco, tanto, que ya no se oyen trinos.
Unas decenas de metros a la derecha, la chimenea, y el aire pesa.

Ante mi dos opciones.
La inmediata, me indica que los otros contaminan, impidiéndome pasear complacido, porque la imagen que contemplo y deseo, cerrando los ojos, nada tiene que ver con esta. Son los otros quienes me producen rabia por lo que veo, impotencia por lo que no puedo hacer y deseo de denuncia, para que se conozca públicamente esto. Voy a comunicarlo a través de Internet e intentaré reunir firmas, además, convocaré una manifestación.

La otra opción, me recuerda a un profesor explicando la homotecia. Utilizaba sus manos delante de una bombilla encendida, y lograba proyectar, en la pared del aula, sorprendentes sombras que despertaban la imaginación, todavía inocente, en nuestras ansiosas e inquietas juventudes, aún con pantalón corto.

La moraleja de aquellas experiencias es que, un pequeño objeto proyectado sobre un plano, ofrece una imagen sin detalles, sin colores, ni olores, ni trinos, porque así es la sombra que vemos, pero se nos muestra tan grande, que atrae nuestra atención.

Es una oportunidad, en la que ese pequeño objeto delante de la lámpara soy yo, y la imagen del riachuelo y del aire contaminados ante mí, es la oportunidad agrandada, (o no me daría cuenta), de contemplar ese reflejo ensombrecido de los pequeños actos que entre todos, yo incluido, hacen de este entorno lo que estoy viendo.

Formo parte de los otros.

La rabia en contra del dueño de la fábrica, me genera deseos de venganza, de linchamiento, me hace regente de una justicia, la mía, a mi modo, porque yo no contamino. Así y de esta manera, participo de la guerra de otros, junto con las rabietas de los demás, sumadas, porque debe ser muy grande esa suma, tal como la imagen de la homotecia. Empero, al considerarla como la oportunidad real, no imaginada, de contemplar el efecto de lo que pienso, de lo que siento y de lo que hago, contemplo el entorno como un todo, del que formo parte y sin exclusiones.

Por lo que si pienso en establecer contienda contra la fábrica y contra el Ayuntamiento, excluyéndome, si siento deseos de recriminar a los otros, excluyéndome otra vez, y si actúo en contra de los demás, volviéndome a excluir, separo de mi al entorno, no aprovecho la oportunidad de la homotecia, que es real, vivo en continua lucha en contra de los otros y establezco normas para los demás.

Los otros, y los demás también, si hacen como yo, viven en un mundo imaginario en el que hay muchas justicias y diferentes actos comedidos, que como sus creadores, permanecen en lucha. Y su mundo es también el mismo que el mío.
Este es el mundo imaginario, no real, en el que los otros, los demás, y también yo, nos movemos y somos.
El real es esta oportunidad, en la que estos otros, los demás y yo, formamos un conjunto cuya imagen contemplo.

La realidad está en el reconocimiento de la estrecha relación y dependencia de los otros respecto de los demás, y de todos ellos conmigo.
La imagen real es pequeña, como los actos que haré, y aunque diminuta, contiene todo detalle.
La imagen de la homotecia, la que veo al pasear, es la imaginaria, es la que se proyecta en la pared, sin ofrecerme los detalles, porque es la sombra de la realidad, y la sombra es la que divide, ya que cada cual interpreta aquello que no ve, y a su manera.

De regreso a casa, separaré la botella de vidrio de los restos orgánicos y, al menos, intentaré silenciar los deseos de vapulear a alguien, porque, cuando hable con el dueño de la fábrica, prefiero que se haya consumido todo resto de rabieta, contenida físicamente, pero desatada en deseo y en pensamiento.

Así, quizás los otros, los demás y yo, permanezcamos unidos, en el mundo real, que es el mismo para todos, y no separados en otro mundo imaginado, que nos separa, porque cada cual lo reinventa a su modo, tanto los otros, como los demás, y también yo.




Eloy Millet Monzó
Noviembre-2009
www.analogias.es

30 de noviembre de 2009

La espiritualidad desde la relación entre la ciencia y la mística

La espiritualidad desde la relación entre la ciencia y la mística

La dualidad se manifiesta en todos los tiempos.
Espíritu y materia son dos antagónicos que han coexistido mezclados y enzarzados en lucha, también han convivido armónicamente combinados, y tanto separados o unidos, permanecen siempre.

Si la parte espiritual se separa de la material, se manifiesta como creencia, y si consideramos a la parte material aislada, da lugar a la experimentación y a todo lo empírico.

Cuando la creencia y la experiencia se han combinado, han gestado hipótesis posibles que constituyen la base de la magia creadora de formas, bien sea como ideas, sentimientos o actos, lo que equivale a afirmar que se ha creado algo nuevo, mediante el mecanismo de propósito y realización.

Una propuesta imposible queda como creencia, y una realización sin propósito paraliza el propio proceso evolutivo, porque ambos manifiestan cierto grado de inconsciencia.

Tanto los científicos como los místicos, mantienen dos criterios diferenciados.
Un sector científico piensa que es capaz de explicar totalmente las leyes universales, por lo que experimentan una tendencia hacia la experiencia física, en el intento de deducir esa ley regente del propio cosmos.

Paralelamente, un sector místico se aventura en afirmaciones acerca del origen cósmico y de su destino, debidas a presuntas cualidades clarividentes de alguien que, de manera análoga en la mayoría de estos personajes, comunica su verdad como la más verdadera de todas.

Otro sector de la mística realiza su propia autocrítica e intenta responder por qué, penetrando en los territorios científicos, al intentar racionalizar su creencia.

Asimismo, la ciencia construye teorías acerca de las leyes universales que, en forma de hipótesis, explican y permiten comprender una parte de aquello que tan solo puede sustentarse por la fe.
También el científico irrumpe en los dominios de la mística, cuando afirma la existencia de un agente que no es captado por la investigación racional y empírica, se trata de un elemento metafísico y sobrenatural, al que se intuye colaborando complementariamente con la acción del hombre, para que el mundo objetivo sea tal cual es.

De esta manera, el místico y el científico actuales pisan un terreno común, en el que la acción se torna racional para el místico e irracional para el científico, manifestándose en dos cualidades compartidas por ambos, que son la comprensión y la lógica.

Acabamos de contemplar nuestra propia dualidad actual y podemos observar que ha permanecido así en nuestros antepasados, de la misma manera que lo hace en nuestro presente.
A esta dualidad la hemos definido de múltiples maneras, tales como espíritu y materia, dios y el demonio, el bien y el mal, Fohat y Kundalini, Buda y Cristo, o polaridad positiva y negativa.

¿Existiría el espíritu sin la materia? ¿acaso no resulta más interesante el posible contacto entre las dos polaridades?

Si la ciencia se corresponde con la realización material, o polaridad negativa, y si la creencia tiene su correspondencia con una hipótesis, con una proposición o polaridad positiva, ¿no se hace la luz cuando entran en contacto ambas polaridades?

El hombre está constituido por átomos y estos por elementos eléctricos diferenciados, tales como los protones y los electrones, por lo que ambas polaridades están integradas en nuestras propias estructuras humanas, así que somos duales, como los elementos que nos confieren forma material y, también, como nuestra propia historia.

Cualquier acción humana, pensando, sintiendo o actuando, constituye un movimiento de estas cargas eléctricas que producen un resultado, tal como que opinemos, critiquemos, reaccionemos a favor o en contra de lo que observamos, o cuando imitamos. El resultado de estos movimientos es el magnetismo que ha producido una acción individual y que induce a que los demás también actúen.

¿Cuál es la característica externa de las entidades Buda y Cristo?, precisamente el movimiento, la acción, pues el Buda desciende, porque la energía espiritual de la voluntad contacta con la materia, y el Cristo asciende, porque la perfección de lo realizado en la materia, se equipara a la intensidad de su propósito inmaterial.

La ciencia nos enseña que toda carga eléctrica en movimiento, y el hombre lo es, genera un campo magnético.

Miguel Faraday afirmó que un campo magnético cambiante genera a otro eléctrico, y Maxwell lo completó diciendo que todo campo eléctrico variable genera a otro magnético.

Es decir, que toda acción humana consume electricidad y genera magnetismo, cuyas características son la atracción y la repulsión, de ahí el afecto y el odio, y este magnetismo generará a su vez otra acción que consumirá otra energía eléctrica y así sucesivamente, constituyendo una cadena con infinitos eslabones que se prolonga en todos los planos y reinos, tanto hacia los superiores como hacia los inferiores.

Cuando imitamos, porque no hemos decidido por nosotros mismos, nos dejamos influir por los campos magnéticos existentes en nuestro inmediato alrededor, y vivimos de un impulso que, o nos atrae o nos repele.

Sin embargo, cuando vivimos por decisión propia, por lo tanto conscientes, generamos nuestro propio campo eléctrico, aquello a lo que llamamos voluntad, que constituirá nuestro propio campo magnético cuando realicemos aquella voluntad, de tal manera, que ambos campos de fuerza son nuestros, y se han generado por nuestras propias estructuras.
Ahora podemos hablar de luz y de equilibrio, por lo tanto de la paz y de la fraternidad.

Esta afirmación podría ser la base de una creencia, si no fuese por la existencia de un hecho científico que la avala: las radiaciones alfa y beta son desviadas por los campos magnéticos, mientras que ningún magnetismo, por intenso que sea, desvía a la radiación gamma, porque se ha producido el perfecto equilibrio entre las polaridades positiva, o radiación alfa, y negativa o radiación beta, de ahí la importancia de la determinación y realización individuales, aunque se produzca en pequeños actos individuales, carentes de relevancia social.

Por aclarar nuestra correspondencia, diremos que la radiación alfa es a una hipótesis, que se torna en creencia si es imposible su realización, como la beta es a la ejecución de lo propuesto, que será un acto inconsciente cuando carezca de intención propia, así como la gamma se corresponde con aquel propósito individual realizado por las estructuras del propio individuo, sin exigir la concurrencia de otras personas, radiación en la que el equilibrio entre polaridades es perfecto.

Parece que una acción se completa cuando viene precedida de la decisión de ejecutarla y de su efectiva realización.
Si faltase uno de estos elementos, la acción resulta incompleta y ante ello, observamos dos hechos científicos.

Uno es, que el núcleo de un átomo es quien escribe el guión.

El otro es, que son los electrones quienes lo ejecutan, es decir, sin núcleo no hay guión, sin guión no hay átomo y sin átomos no hay materia en la que se manifieste el espíritu, por lo que falta una de las dos polaridades y ha de consumir tiempo hasta que se forme.

Por lo tanto, toda acción sin haberla decidido, de la misma manera que toda realización en la materia, careciendo de intención propia, resultan incompletas.

La intensidad y potencia de una decisión, o polaridad positiva, han de igualarse a las de su realización, o polaridad negativa, ya que, si predomina la decisión, es porque una parte de la misma es imposible de realizar por el propio individuo, y ha de recurrir a los demás para que ejecuten aquello de lo que es incapaz, y si predomina la realización, es porque una parte de ella carece de propósito propio, y ha de adueñarse de otro ajeno.

A la energía que subyace en una proposición propia la denominamos voluntad o energía espiritual, porque todavía es inmaterial, y cuando la propuesta se ejecuta, lo hace a través de la materia.
Si la energía consumida por la materia equivale a la de la proposición, la voluntad y su realización se han combinado perfectamente, la radiación alfa equivale a la beta y nace la gamma, es decir, la luz, Fohat y Kundalini se fusionan generando el Fuego Solar, Buda y Cristo existen en el interior del propio individuo humano, y su combinación genera ese fenómeno místico e individual, al que denominamos antakarana, alma o conciencia, cuyo símbolo es la luz producida por el contacto entre polaridades en equilibrio.

Acerca de las energías espiritual y material, deberíamos precisar dos detalles que, para su comprensión, utilizaremos la analogía con el imán.
Un imán se forma por el contacto de una corriente eléctrica sobre un metal conductor.

El primero de los detalles es, que las cargas atómicas se separan, distribuyéndose a cada uno de los extremos del cuerpo del metal conductor, constituyendo los polos positivo y negativo del imán.

El segundo es que se establece una relación dual entre las polaridades, una por el exterior del cuerpo del metal, es la que va desde la positiva hacia la negativa, se corresponde con la intención humana todavía inmaterial, es el Buda individual o la energía de la voluntad humana.
La otra circula por el interior del cuerpo metálico, desde el polo negativo hacia el positivo.
Esta relación culmina cuando se ha ejecutado totalmente una propuesta, cuyo símbolo es el Cristo individual, la energía de lo realizado, es la expresión mística de que el fuego de la materia se ha combinado con el fuego del espíritu, y se hace la luz.

Si el hombre tiende a espiritualizarse, es porque progresivamente adquirirá mayor potencial positivo o voluntad, hasta que llegue a convertirse totalmente en espíritu, es decir, totalmente positivo, y en ese caso, ¿quién ostentará la polaridad negativa?
Quizás sea ese agente metafísico al que aluden los mismos científicos y que ya, algunos de ellos, han afirmado que se trata del ángel.

Ante estas dos energías, la de la voluntad espiritual y la de su realización material ¿cuál de ellas ha de actuar en primer lugar?
De la misma manera que no existe un átomo sin que se haya formado su núcleo previamente, tampoco se manifiesta una realización material sin la previa existencia de su propósito, así pues, parece ser que la primera en existir ha de ser la voluntad o polaridad positiva, y la negativa es la añadidura, como el orbital de electrones en cualquier átomo.
Por lo tanto, el hombre es quien mueve ficha primero y detrás, quizá lo haga el ángel.

Esta afirmación no es gratuita, tiene su justificación posible en un hecho científico. Cuando se aísla un protón en el laboratorio, sin poder predecirlo ni existir la posibilidad de controlarlo, aparece un electrón para formar un átomo, y así se crea materia artificial por la ciencia, pero primero ha tenido que existir un protón para que se cree materia.

Cuando un átomo es observado o medido, se mueve de forma completamente distinta a cuando no se le observa.
Muchos científicos actuales aluden a la mente humana como la causante de esta perturbación, y entre ellos se encuentran premios Nóbel.
De hecho, el electrón ha de dar dos vueltas alrededor del núcleo atómico para completar una sola órbita, en la primera vuelta es como si absorbiera el espacio a su alrededor para recoger información, y en la segunda se adapta.
Tal como se forma un silogismo en filosofía, en la primera premisa se define a lo abstracto, y en la segunda a lo concreto, para, en la conclusión, establecer el camino desde lo abstracto hasta lo concreto, eso a lo que denominamos comprensión lógica, base de todo conocimiento fundamentado, al que místicamente, también le damos nombre, es el de conciencia.
Es el efecto de la intención humana, en forma de creencia individual, que la protagoniza el científico al observar una estructura material, siendo esta observación su parte empírica o materialista.
Y las dos forman parte de un mismo todo, y el intento de separarlo no es relevante, pues no es más que ignorancia.

Afirman los científicos que la teoría cuántica no tendría sentido sin la intención del observador, de tal manera que cada observación constituye una acción humana, y produce una apreciable transformación respecto de la estructura física original.
Todo ello permite afirmar dos postulados: uno es que el hombre tiene un lugar en el proceso evolutivo y en la construcción del Universo. El otro es que existe otro agente metafísico, que, de la misma manera que el electrón lo hace respecto del protón, actúa conjuntamente con el hombre, y cuyo resultado es el mundo objetivo que percibimos, y en el que tenemos el ser.


De manera análoga, cuando el hombre diseña su propia proposición crea un núcleo de protones, y de una forma todavía no controlada científicamente, aunque admitida y experimentada, aparecerán los correspondientes electrones que, al combinarse con los protones formarán átomos, y la agrupación atómica forma el mundo objetivo que percibimos.

¿Qué agente es el que propicia la concurrencia de los electrones, para formar átomos junto con los protones que haya generado el hombre?
Esta pregunta se refiere a ese elemento metafísico y sobrenatural aludido por muchos científicos, tanto los actuales como los del pasado, un elemento generado por un agente complementario del hombre, tal como lo es un electrón respecto de un protón, y ¿por qué no pudiera ser el ángel?

El mecanismo proponer-realizar constituye un ciclo completo, para el que hacen falta, tanto la existencia de una propuesta como la de su ejecución, y científicamente constituye una frecuencia vibratoria, cuya medida unitaria en la hipótesis cuántica es el quanto, definiendo a toda energía y unificando las teorías ondulatoria y corpuscular, al afirmar que la emisión de energía no se hace de manera constante, sino en oleadas o quantos, cuya correspondencia se produce al considerar los ciclos de propósitos y realizaciones, pues usamos del tiempo para proponer y realizar, del espacio en el que nos ubicamos y de la velocidad en la que ejecutamos una propuesta.

De lo que estamos hablando es de la relación espacio – tiempo, que se corresponde con la de propósito – realización, y que cuando se forma a velocidades por debajo de la de la luz, el espacio puede medirse de forma separada del tiempo, pero cuando la velocidad del movimiento se acerca, iguala o supera a la de la luz, ya no existe separación entre el espacio y el tiempo, sino que conforman esa constante universal a la que alude la teoría de la relatividad de Einstein, al espacio-tiempo sin separaciones, de ahí el principio de incertidumbre de Heisenberg.
Tengamos en cuenta que la velocidad del movimiento de las partículas atómicas que nos constituyen, es superior a la de la luz, parece pues, que tenga que ser el macrocosmos quien ha de adecuarse progresivamente al microcosmos, porque la evolución nace desde lo pequeño, desde lo más insignificante e imperceptible, tan imperceptible que es inmaterial para nosotros, aunque no lo es para el electrón, nace desde lo más recóndito de nuestro interior, místicamente diríamos que nace desde el corazón.

Cuando en un mismo tiempo existen muchos ciclos o quantos, significa que se es capaz de realizar muchas propuestas, con lo que la frecuencia vibratoria será alta, o será baja cuando suceda lo contrario.
Al ser alta la frecuencia, existen muchos contactos entre la energía espiritual de la voluntad, o Fohat, y la de la materia o Kundalini, lo que provoca una constante perturbación en el espacio, como consecuencia de que se están generando incesantemente campos magnéticos y eléctricos, lo que se manifiesta como radiactividad.

Sin embargo, cuando la frecuencia es baja, no existe tal perturbación, la radiación se manifiesta como fogonazos esporádicos, porque tardamos mucho tiempo en realizar una proposición, y tardaremos mucho tiempo en gestar otra.

De esta manera, los campos magnético y eléctrico se separan en el tiempo, y no pueden gestarse mutuamente, precisando de otros campos o influencias exteriores, lo que provoca el retraso temporal del proceso evolutivo individual, momento propicio para que penetren influencias externas en nuestras propias y, todavía, débiles estructuras.

Así que todo parece indicar que el principio consiste en pensar y decidir por sí mismos todo lo que vayamos a realizar, gestando proposiciones cada vez más espirituales, por lo tanto que contengan cada vez menos objetivos materiales, permitiendo que, estas realizaciones, se incorporen como actos del subconsciente humano y dejando en manos de otro agente, la acción de que sean ejecutadas aquellas propuestas, en manos del ángel.

La materia es a la fuerza gravitatoria como el espíritu lo es a la electromagnética, es decir, que el máximo valor de un campo gravitatorio se corresponde con la masa material que lo contiene, de la misma manera que el máximo valor del electromagnetismo, tiene su correspondencia con la máxima perfección de su propósito espiritual, cuya analogía es el núcleo del átomo, al que la ciencia considera como regente i directriz de la estructura atómica, por tanto de la materia.

Si al hombre le corresponde potenciar y perfeccionar la estructura nuclear, a otro agente le ha de corresponder hacer lo análogo con el orbital de electrones, para que al combinarse, se cree un nuevo mundo material de mayor hermandad, y ya hemos apuntado la hipótesis de que este otro agente pudiese ser el ángel, al que intuye la ciencia como un agente metafísico que, combinado con la intención humana, coopera en la estructura del mundo objetivo que percibimos.

A este agente se le trata de encontrar en el acelerador y colisionador de partículas, bajo el nombre de partícula de Dios o bosón de Higgs, cuya característica es la de conferir masa a la materia, por tanto le transmite la fuerza de la gravedad.

El problema de la teoría científica de la unificación, consiste en incorporar las fuerzas gravitatorias a las ecuaciones de las partículas elementales, en cuanto se intenta unificar lo que se conoce del macrocosmos con lo microcósmico, resulta que nada de lo científicamente conocido sirve.

Quizás el eslabón que falta tenga que ver con ese agente argumentado por la mística, como colaborador del hombre, e intuido por la ciencia, como el que permitiría hacer realidad la teoría de la unificación de fuerzas, esa a la que Einstein dedicó su vida sin poder resolverla y que, científicos actuales, están a un paso de enunciar, en cuanto encuentren el secreto de ese campo gravitatorio que se manifiesta como magnetismo y que ha producido otro campo eléctrico.

En este momento, se podría establecer una relación real, y no imaginaria, entre la energía espiritual de la voluntad y la energía material de la realización, entre Fohat, o Buda, y Kundalini o Cristo, es decir, entre el hombre y el ángel, cesando temporalmente la separación entre la ciencia y la creencia, y produciendo un nuevo renacimiento, que abarcará no solo a las expresiones artísticas en la materia, sino también a los sentimientos y a los pensamientos, por lo tanto, podrá constituir una auténtica revolución en el mundo de las ideas, y si ahora estamos hablando de ello, es porque ya comienza a ser una realidad, y toda realidad material ha tenido su principio en un núcleo atómico, que le corresponde al hombre, así como el orbital de electrones pudiera corresponderle al ángel, de esta manera, una realidad existente en lo sutil, acabará manifestándose como otra realidad en lo material, tal como las radiaciones alfa y beta para formar la gamma, y la realidad sutil ha de construirla primero el hombre, a continuación, el ángel hará lo mismo con la realidad material.



Eloy Millet Monzó
Noviembre 2009
www.analogias.es

28 de septiembre de 2009

Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, Capítulo 7º.-Relación entre las energías de los Rayos 1º y 7º: el Amor.

-Debido a que se han trascendido las estructuras del propio individuo, ya resulta insuficiente la conciencia individual, por lo se empieza a desarrollar la conciencia grupal, y el servicio a la raza constituye una realidad vivencial, no una mera hipótesis, un concepto o un ansiado anhelo

-El hombre ha trascendido el por qué hacer y el cómo hacerlo, por lo que empieza el aprendizaje de “ser”, y su contacto con los ángeles le facilita este proceso

-El ángel, que se ha esforzado en hacer, deja de efectuar movimiento para “ser” y comienza a perfeccionar su tarea de cómo y por qué hacerlo, aprendiéndolo de los propósitos humanos

-El hombre aprende a ser de acuerdo a su entorno, no de acuerdo a su
individualidad, de ahí la impersonalidad que le caracterizará a partir de ahora, lo que se manifiesta como desapercibimiento, convirtiéndose en el “ser que no deja huella sobre la arena que pisa”

-Cuando las energías de los Rayos 1º y 7º consiguen funcionar conjuntamente, y lo hacen mediante la mutua atracción, producen una tercera energía resultante, cuyas mejores analogías son el magnetismo y la luz, símbolos del equilibrio, de la armonía y de la bipolaridad, características que definen a una cualidad suprema y que identifican la magnificencia de las consecuciones humana y angélica, es el Amor, esa energía que se manifiesta mediante el contacto entre los Rayos 1º y 7º, produciendo al 2º Rayo

-A partir de este momento, en el que el Amor es una realidad y no un anhelo, un deseo, una razón para meditar o un concepto, el movimiento se realizará siempre entre dos vórtices de energías, uno de polaridad positiva, en el que estará el hombre, y el otro negativa, en el que siempre encontraremos a un dispuesto ángel, y en el plano en el que existan estos dos centros energéticos, allá estará la conciencia, como resultado de la amistad entre el hombre y el ángel, constituyendo la más elevada expresión del Amor en dicho plano.

-Actualmente, es el reino vegetal el que mejor manifiesta la cualidad del Amor en su propio plano, con los aromas, los colores y los sabores

Una vez analizados los anteriores aspectos, pretendemos suscitar la curiosidad acerca de la similitud con respecto de los términos “padre”, “hijo” y “espíritu santo”, pues el “padre” coincide con las cualidades del Rayo 1º y de la voluntad, el “espíritu santo” con el Rayo 7º y la práctica ceremonial, así como que el “hijo” coincide con el resultado de la unión entre los dos anteriores, es decir, con el Rayo 2º y la cualidad del Amor, cuyo símbolo es la luz y cuya fuerza es el magnetismo, manifestándose como el equilibrio perfecto entre las fuerzas de atracción y las de repulsión, cuyo centro emisor y receptor se sitúa en el corazón, tanto si es el humano como si lo es el angélico, puesto que el hombre y el ángel tienen invertidas las polaridades de sus centros energéticos, y lo que en uno es de polaridad positiva, lo es negativa en el otro, sin embargo, ambos somos septenarios y bipolares en nuestra constitución, siendo el corazón, y en ambos casos de la misma manera, el centro que ostenta el equilibrio energético entre nuestros vórtices respectivos, de ahí, que el mejor amigo del hombre sea el ángel, así como que el ángel no tiene a un amigo mejor que el hombre.

Así, se habrán combinado la voluntad humana y la luz angélica, ambas sintetizadas a través del 2º Rayo, y expresadas mediante el 1º y el 7º Rayos.
Y para finalizar este apartado, un detalle numérico. La suma, es la operación matemática que puede generar a cualquier otra, ya que restar es sumar un número positivo y otro negativo, y la multiplicación y la división, son operaciones aritméticas que se resuelven combinando sumas y restas.
Así pues, tomamos a la suma como operación causal y, si sumamos las polaridades del hombre, utilizando la denominación oriental, resulta que 5 más 4 son 9, y repitiendo la misma operación con las del ángel, también 3 más 6 son 9, por lo que el número del hombre y el del ángel es el mismo, el nueve.

Además, al combinar las polaridades de uno y de otro, repitiendo la operación de la suma en todos sus números, hasta que se reduzcan a uno solo, resulta que la polaridad positiva humana atrae a la negativa angélica, es decir, el 4 más el 3 dan 7, y la negativa humana atrae a la positiva angélica, por lo que 5 más 6 son 11, sumando los resultados obtenidos, 7 más 11 son 18, y sumando sus dígitos, 8 más 1 son 9, ¡otra vez el 9!.
Por lo que considerados de manera individual, los números del hombre y del ángel coinciden en el 9, pero también son el 9 cuando se combinan entre ellos, con la diferencia de que, el hombre, tiende hacia el 9 desde la diversidad numérica, mientras que el ángel, inicia su camino desde el 9, hacia la diversidad.

Es expresar numéricamente lo que hemos estado argumentando, pues nuestra propia diversidad, se manifiesta en las diferentes iglesias, creencias y opiniones, y mientras atendamos a nuestra distinta naturaleza material, nos separaremos los unos de los otros y engendraremos violencia, ya que no estaremos combinando lo positivo con lo negativo, sino lo positivo con lo positivo y lo negativo con lo negativo, lo que nos provoca constantes cortocircuitos.

Este estado separativo, provocado por cortocircuitar dos polaridades iguales, tan solo ocurre cuando el hombre, o el ángel, actúan aislados, ya que si se combinan, la polaridad positiva del hombre es el 4 y la del ángel el 6, sumados dan 10 como resultado, y la negativa del hombre es el 5, que con la del ángel, que es el 3, dan 5 más 3 igual a 8 como resultado.
Sumando los resultados, 10 más 8 son 18, y sumando sus dígitos, 8 más 1… ¡de nuevo el número 9!
Y el hecho de que la polaridad positiva humana pueda combinarse con la positiva angélica, y que no haya reacción en contra, es decir, que no cortocircuiten, se debe a que las polaridades humanas tienen estructura material, mientras que las del ángel lo son inmateriales, y así solo puede haber atracción, lo que se manifiesta como hermanamiento y fraternidad.

Por lo tanto, la separatividad se corresponde con el aislamiento, con la negación que otorga la opinión y con la ausencia de una relación que permita escapar fuera de lo sectario, porque, cuando la relación se produce más allá del ámbito que le es propio al hombre y al ángel, no hay posibilidad de reaccionar en contra, sino a su favor.

Dicho de otra manera, si consideramos exclusivamente al ámbito humano, y lo separamos del resto, “no todos los caminos van a Roma”, pero si se desarrolla la capacidad de relacionar lo humano con lo angélico, lo material con lo inmaterial, se está desarrollando la conciencia, y entonces… “todos los caminos, y sin excepciones, conducirán a Roma”.

20 de septiembre de 2009

.-Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones. Capítulo 6

Capítulo 6 .-Efectos de la relación entre las polaridades del hombre y del ángel
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Respecto de las polaridades positivas humano-angélicas
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Cuando la polaridad positiva del hombre y la del ángel actúan al unísono:

-se unen las energías del 3º y del 4º Rayos en un solo haz positivo, lo que
no significa que dos actúen como uno, sino que uno se manifiesta a
través de dos, característica propia de la conciencia


-el hombre aprende a relacionar un efecto con su causa, por este orden y
prescindiendo de sus consideraciones físicas, emocionales y mentales

-el movimiento se lleva a cabo por dos fuerzas, atrayendo a las
polaridades negativas y repeliendo a las positivas, es decir, atrae a todo
lo proveniente de la materia, en forma de experiencia, y expulsa hacia
fuera a toda proposición, para que se manifieste en el mundo material, y
en esto consiste la radiación. Este mecanismo funciona desde el cuerpo
etérico hacia el cuerpo físico, ya que los cuerpos mental y astral se han
tornado perfectamente diáfanos, por lo que no refractan el haz de luz
proveniente de la unión entre el 3º y 4º Rayos, sino que lo reflejan sin
modificarlo en absoluto, de ahí la inofensividad, que se manifestará
como palabra correcta

-supone el desarrollo de la capacidad de no herir, es decir, de la inocencia,
absolutamente necesaria para el contacto angélico, y que se torna
objetiva a través de la amistad sincera, lo que no ocurre si existe interés
en convencer a otros, porque se les cercena su propia libertad

-el hombre empieza a ser creador de sus propias estructuras, lo que le
convierte en mago blanco y en un maestro de la teúrgia

-socialmente, se manifiesta como una eclosión artística y tecnológica,
período que algunas creencias manchan como materialista y dominado
por la magia negra, como por ejemplo el Renacimiento o el despertar
científico de los siglos XVIII y XIX

-se produce la espiritualización de las formas, porque las existentes se
desvitalizan y las nuevas son el efecto de otros propósitos mejores,
aunque existan sectores humanos que se empeñan en perdurar las
formas caducas, continuando con su hegemonía e intereses particulares

-se recoge la experiencia de lo hecho para forjar un propósito nuevo, por
lo que se completa el ciclo al iniciarse el movimiento desde el positivo
hacia el negativo.
Como en el imán, que las fuerzas magnéticas circulan de la misma
manera y por el exterior del metal. Esta es la tarea angélica

-el mejor ejemplo que podemos encontrar, como manifestación de la
unión entre las polaridades positivas del hombre y del ángel, es un
nacimiento, tanto si se trata de un ser humano como de una flor, de un
insecto como de un nuevo propósito que, habiendo delimitado su propio
“ser” y después de su gestación,
será alumbrado, desarrollando un nuevo “estar”. Y así se produce un acto
creativo

-las anteriores indicaciones, se atribuyen a la energía positiva total, la
resultante
de esta unión, que atraerá a su correspondiente negativa, cuyas
características acabamos de mencionar y coinciden con la denominación
oriental de 7º Rayo.
Así pues, podemos concluir afirmando que la unión entre el 3º y 4º
Rayos, como polaridades positivas, atrae al 7º como polaridad negativa.
Lo que hay que interpretar, como que es el 7º Rayo el que se manifiesta a
través de los Rayos 3º y 4º, y que no puede hacerlo de otra manera, de
ahí que el hombre y el ángel intervengan en todo ritual de magia
ceremonial

-el ángel hace circular las energías, desde las polaridades positivas de los
Rayos 3º y 4º, y por fuera de las estructuras materiales, hasta las
unidades elementales de la materia, en las que quedarán incorporadas
aquellas energías, produciendo cambios en las formas objetivas, tal como
ocurre cuando se expone una materia a la radiactividad

-el hombre asume el trabajo de que las energías circulen, desde la
polaridad negativa del Rayo 7º hacia las positivas de los Rayos 3º y 4º,
pero por el interior de la materia y desde ella, con lo quedará completado
el ciclo de un acto creativo, por lo tanto, una de las manifestaciones de la
conciencia.


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Respecto de las polaridades negativas humano-angélicas
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Cuando la polaridad negativa humana y angélica actúan ambas a la vez:

-se unen las energías del 5º y 6º Rayos en un solo haz negativo

-el hombre aprende a deducir un efecto porque es capaz de generar su
causa, y cuando la causa le pertenece, no podrá atender al efecto que percibe, porque habrá perdido las consideraciones del deseo y porque el afecto se ha tornado impersonal, de ahí la inexistencia de prosélitos y de manifestaciones egotistas

-este movimiento también se lleva a cabo por dos fuerzas, atrayendo a las polaridades positivas y repeliendo a las negativas, es decir, atrae a todo lo
proveniente del espíritu, en forma de propósito, y expulsa hacia fuera al mundo material, para que se transmute en experiencia y enriquezca al próximo propósito.
Esta fuerza repulsiva respecto de la materia, es la que ha originado las creencias en el demonio o ángel caído en la materia, así como las prácticas de aislamiento y las disciplinas, tales como el ascetismo, el anacoretismo o cualquier otra consideración que limite la participación de todos los seres humanos, pues todos serán llamados y todos serán escogidos

-comienza a manifestarse el poder de la voluntad humana, como energía inmaterial positiva que controla a todo tipo de materia, pero no puede ejercer este control si actúa sola, pues necesita a otra energía inmaterial de polaridad negativa, que es la del ángel

-supone el desarrollo de la capacidad de proponer y de concretar hipótesis, porque utiliza métodos de análisis lógico. Así acaba la hegemonía de toda creencia y las luchas para imponerla.

-desarrolla la coherencia desde lo sutil hacia lo denso, por este motivo, se
producen situaciones absurdas e incomprensibles para otras personas, si es que la coherencia y la virtuosidad todavía no han llegado a los planos de mayor densidad material, y para ello solo hace falta el tiempo, puesto que, para quien se encuentra inmerso en este desarrollo, el valor del tiempo se anula cada vez más, porque el pasado y el futuro empiezan a formar parte de su propio presente

-debido a que la conciencia individual empieza a trascender sus propias estructuras materiales, porque va aprendiendo a crear fuera de ellas, afectando a su entorno y a las personas que le rodean, se produce la emisión de energía más allá de los límites de la propia estructura, fenómeno denominado científicamente como radiación, el hombre se torna un ser radiante y empieza a ser efectivo en el servicio a la raza humana. A partir de este momento, el campo de servicio deja de ser un deseo o un concepto, para tornarse en una realidad que le mantendrá ocupado, pero nunca volverá a estar preocupado por ello.

-en nuestra actualidad, es el reino mineral el que mejor manifiesta la cualidad radiactiva, a través de elementos como el radio o el uranio, que tanto poder de transmutación y alteración material provocan
-supone el desarrollo de la capacidad de ser oportuno porque se domina al tiempo, siendo simultáneamente consciente de una porción del pasado y de otra del futuro, y todo ello porque existe un contacto directo e íntimo con el ángel, por lo tanto hay conciencia

-la actividad resultante de esta fusión entre los Rayos 5º y 6º, como polaridades negativas, provoca la desvitalización de las formas materiales existentes, es decir, su destrucción en el tiempo, para volver a construir con mayor nobleza que antes, y el poder de esta fusión lo expresa un vórtice energético que coincide con el centro cardíaco humano, utiliza a la mente como vehículo de expresión de la conciencia individual, que recién empieza a manifestarse como conciencia grupal, porque se va tornando radiactiva, y este es el llamado “lenguaje del corazón”, que no puede pronunciarse hasta que no se hayan fusionado los aspectos que estamos indicando, lo que implica un contacto consciente con el mundo angélico.

Por lo tanto, nadie que no haya desarrollado estas relaciones podrá expresar “desde el corazón”, podrá utilizar este término, pero quizá sea una falsedad o una ilusión, pues quien se expresa desde el corazón no tiene necesidad de afirmarlo, sino de hacerlo

-esta unión entre las polaridades negativas del hombre y del ángel, provoca la atracción de la correspondiente polaridad positiva y del mismo potencial, que coincide en sus características con el denominado Rayo 1º de las enseñanzas orientales, cuyo significado se resume en un doble poder, ya que primero destruye y luego vuelve a construir. Así, el llamado “anticristo”, es posible que no sea más que otra de nuestras invenciones humanas, quizás porque separamos la destrucción de la posterior construcción, puesto que las actividades en contra de la fraternidad universal, consisten en evitar el contacto entre polaridades y provocar separatividad en lo denso, intentando obstaculizar la conectividad con aquello que permanece unido en lo sutil, es decir, trabando el nacimiento de una conciencia individual y precursora de otra grupal.

17 de septiembre de 2009

Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones. Capítulo 5º

Capítulo 5.-Efectos de la relación entre los Rayos 3º y 6º del ángel

--Permite aunar dos respuestas en un mismo acto. La una respecto de la
pregunta “¿por qué lo hago?, y la otra referida al “¿para qué lo hago?”.

Con la primera respuesta se delimita y concreta el vórtice energético de la polaridad positiva, es la fuerza de la voluntad humana.
Con la segunda respuesta, se concreta el vórtice de la polaridad negativa, y aquí interviene el ángel

--Supone el establecimiento de la relación espíritu-materia a través del
mecanismo propósito-realización, siendo un propósito propio e individual
y una realización que comienza a utilizar las propias estructuras
individuales. Y todo ello sucede en el hombre y en el ángel,
simultáneamente, de ahí el diálogo y el contacto consciente.
La conciencia individual ya es un neonato y empieza a desarrollarse.

En términos místicos diríamos que: ha nacido la luz, como resultado de la colaboración humano-angélica.

15 de septiembre de 2009

Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones. Capítulo 4º

Capítulo 4º.-Energías o polaridades en el ángel

---Polaridad positiva angélica---

Tiene su correspondencia con el Rayo 3º de la clasificación oriental

--Aspecto superior:
-propicia el movimiento, por lo que se manifiesta en los sistemas de
transporte y de las comunicaciones, interviniendo en la telefonía y en la
informática, especialmente en los mecanismos de Internet y en las
transmisiones por ondas electromagnéticas, sistemas precursores del
que ha de imperar, que será el telepático

-actúa después de haberse definido el comienzo y el final de un
movimiento, es saber desde dónde y hacia dónde

--Acción que provoca:
-el hombre empieza a preguntarse por qué lo hace, y va descubriendo
sus propias razones, porque las de los demás podrán ser sagradas, pero
no son divinas, ya que la divinidad se logra individualmente, y aunque
sea una meta común, es un esfuerzo particular

-disminuye el deseo de poseer, aumenta la capacidad de ser útil y de no
emplear más de lo necesario, por lo tanto se aprende la proporción desde
lo sutil hacia lo denso, aprendizaje cuya mejor analogía es la mutua
utilidad que se prestan la filosofía y las matemáticas


--Aspecto inferior:
-se manifiesta como la desigual distribución de la riqueza, porque no se
han definido correctamente los movimientos, ni el desde dónde ni el de
hacia dónde, son acciones desproporcionadas

-el esfuerzo se centra en la posesión, se persigue la utilidad a sí mismo y
se justifica la necesidad, constituyendo un aspecto particular de cada
individuo al que se atiende, desatendiendo las necesidades de otros

-como es la manifestación de una energía, se ha trasformado en fuerza y
no existen dos fuerzas iguales, por lo que no hay dos egoísmos iguales,
de la misma manera que no existen dos deidades idénticas

---Polaridad negativa angélica---

Tiene su correspondencia con el 6º Rayo de las enseñanzas orientales


--Aspecto superior:
-constituye el desarrollo de la capacidad del reconocimiento

-anula el conflicto, porque la materia sirve al espíritu y el propósito se
ejecuta correctamente en el mundo objetivo, lo que libera al creador, el
hombre, de volver a intentarlo, porque lo creado ya es perfecto y no
precisa de la muerte

-supone la reconciliación entre lo inmaterial y lo material, o entre el
espíritu y la materia, porque el espíritu no encuentra reacción en esa
materia para manifestarse y la materia no necesita ser redimida

--Acción que provoca:
-la pregunta a la que el hombre responde es para qué lo hace

-desarrolla la capacidad de argumentar hipótesis mediante métodos
lógicos, lo que significa que imagina lo realizable y acaba siendo
realizado en la mente, en el sentimiento y en la acción

-facilita las ideas acerca de los avances tecnológicos en todos los tiempos

-permite diferenciar, cada vez con mayor claridad, lo ilusorio de lo real,
por lo tanto, a rechazar aquellas hipótesis irrealizables o imposibles,
tales como las creencias basadas en la veneración y en la esperanza de
que “otro” nos salvará de nuestra condición humana, como si ello fuese
un pecado o un castigo

--Aspecto inferior:
-lo manifiesta a través de las disciplinas y de las imposiciones o
autoritarismos, ha creado las religiones y las diferencias entre las
iglesias. Es, por lo tanto, una creación del interés humano, y no un
designio divino

-supone la socialización e institucionalización de un determinado interés
particular, que no deja de ser humano.

8 de septiembre de 2009

Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones. Capítulo 3º

Capítulo 3º.- Efectos de la relación entre los Rayos 4º y 5º del hombre

--manifiesta la conciencia individual, porque es capaz de gestar un
propósito y de saber con qué materia cuenta para su ejecución, por lo que
relaciona el propósito con la materia, al espíritu con la forma o al cielo con
la tierra, sin ansiar llegar al cielo elevándose sobre la tierra, o mantenerse
en la tierra prescindiendo del cielo

--lo común es actuar rápido y pensar lentamente, mientras que la relación
entre el 4º y 5º Rayos, provoca la creación de dos vórtices energéticos o
polaridades, que propician un rápido pensamiento y una lenta acción,
porque la prioridad de la acción se empieza a encontrar en lo más sutil, y
se encomienda al tiempo la ejecución en lo más denso, tardará más, pero
será más perfecto y así, se evoluciona hacia la pureza, sin tener que
invertir tiempo en desintegrar formas caducadas

--el hombre comienza a decidir por sí mismo sobre el qué hacer

--constituye el inicio del contacto consciente con la presencia del ángel, por
tanto, desde la relación entre el 4º y 5º Rayos, comienza la magia de la
creación, dentro del ámbito del propio individuo, tanto si es en el hombre
como en el ángel.

Místicamente diríamos que: ha nacido una voluntad humana.

2 de septiembre de 2009

Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones.


Capítulo 2.-Energías o polaridades en el hombre

---Polaridad positiva humana---

Tiene su correspondencia con el 4º Rayo de la denominación oriental


--Aspecto superior:
-se manifiesta como el deseo de realizar algo bello

-constituye la búsqueda constante de la armonía

-provoca conflicto cuando se utilizan formas realizadas por otros,
aunque sean bellas y armónicas, porque contienen elementos que no
pertenecen al propio individuo

-es el creador de la angustia, porque manifiesta la constante
inconformidad con lo que le rodea y porque puede provocar el conflicto

-cuando se utilizan las formas propias, genera la armonía

--Acción que provoca:
-un constante cambio en las formas existentes, para refinarlas y
espiritualizarlas, así, los pensamientos, sentimientos y actos, cada vez
podrán ser de mayor pureza, porque se van desprendiendo de aquella
polaridad que los embrutece

-en el mismo plano mental, conecta lo menos abstracto con lo menos
concreto, es decir, numerando desde lo sutil hacia lo denso, conecta el
tercero con el cuarto de los subplanos mentales, y ya tenemos a la
conciencia, para que la acción sea sin conflicto y se manifiesta la
armonía

--Aspecto inferior:
-nuestras construcciones arquitectónicas

---Polaridad negativa humana---

Tiene su correspondencia con el 5º Rayo de la filosofía oriental

--Aspecto superior:
-eterna tendencia a relacionar lo abstracto con lo concreto

-si falta la relación, o se manifiesta el idealismo y la imposible hipótesis,
porque no se adopta a la propia estructura material como soporte, o se
manifiesta el materialismo sin ideal, porque se adoptan proposiciones
de otros. Ambas situaciones evitan el desarrollo de la conciencia
individual.

--Acción que provoca:
-un ser autónomo y capaz de generar sus propias soluciones

-permite iniciar el desarrollo de la conciencia individual, a través del
contacto con los ángeles que estructuran los cuerpos de la propia
individualidad humana, sin trascender todavía a las estructuras de las
otras individualidades, por lo que la conciencia grupal y el servicio a la
Raza, todavía son meras especulaciones conceptuales, o sentimientos
que provocan actos altruistas a un sector de la humanidad, no pudiendo
hacer nada por el resto y, sin embargo, este es el proceso

-reconoce a una hipótesis posible y sabe qué clase de estructura material
ha de utilizar, así como en qué cuantía

-sabe del respeto, porque precisa de la libertad de acción

-desarrolla la proporción en determinado plano, y este proceso ha de
sobrevenir desde lo sutil hacia lo denso, nunca puede producirse al
contrario

--Aspecto inferior:
-nuestros sistemas educativos y el incorrecto uso que le damos al
conocimiento

29 de agosto de 2009

1.-Los procesos de la conciencia. Relaciones entre las energías humano-angélicas, o Rayos, y sus manifestaciones. Capítulo 1

Lo abstracto y lo concreto no son conceptos universalmente definidos, sino particularmente relativos a cada ser humano. Podríamos decir, que lo abstracto es aquello no concretado por cada cual, y que lo concreto es todo lo deducido y expresado por sí mismo, es decir, todo lo comprendido.
De esta manera, podemos identificar qué es lo que tenemos de abstracto y de concreto, y, cuando lo hayamos señalado, habremos dado el primer paso para crear nuestra propia conciencia individual, permaneciendo este proceso en nuestra intimidad y dando comienzo una larga secuencia de actos que tendrán una característica común, el anonimato, porque serán imperceptibles para la mayoría.

Cuando la imaginación predomina sobre la realidad objetiva, no existe conexión con la realidad y no se sabe lo que se dice, dando lugar a las creencias y a las hipótesis imposibles.
Si el predominio es de los conceptos concretos, la imaginación es pobre y se utilizan hipótesis ya enunciadas, no existe ideal y no se sabe lo que se hace.

En cambio, si se ejecutan proposiciones posibles, se establece una relación entre lo abstracto y lo concreto, se sabe todo lo que se dice porque se hace, y la acción tiene su base en la argumentación mediante las analogías. Este es el principio del establecimiento de la conciencia individual.

Puede asaltarnos una duda: para que se desarrolle esta conciencia individual, ¿primero será lo abstracto? ¿o tendrá que ser lo concreto?

Antes de responder, atengamos al hecho científico que ocurre cuando se aísla un protón en el laboratorio, ya que, sin que el científico pueda controlarlo, “aparece” el correspondiente electrón para formar un átomo.
La materia que conocemos está formada por la agrupación entre protones y electrones, además de otros elementos subatómicos, por ejemplo los neutrones, y para que se produzcan estas agrupaciones, tendrán que haber existido protones aislados, como en el laboratorio.

La frase “pedid y se os dará” corrobora lo que estamos exponiendo, ya que, primero hay que pedir y ello significa, en nuestros términos, que el aspecto positivo ha de manifestarse en primer lugar, es decir, el propósito humano, la intención o el deseo, para que “aparezca” esa otra energía, como el electrón en el laboratorio, que revista lo positivo y se cree la materia en el mundo objetivo, como resultado de la agrupación entre dos aspectos o polaridades.

De lo anterior pueden deducirse tres argumentos:

1.-que al hombre le corresponde el control de lo abstracto, mediante el uso de la energía que denominamos voluntad y constituye la polaridad positiva

2.-que el ángel colabora aportando otra energía, de polaridad negativa

3.-que al combinarse ambas energías o polaridades, se manifiesta el mundo material, es decir, todo lo concreto.

Estas aportaciones entre el hombre y el ángel, tienen distintos puntos de partida y destinos, aunque son complementarios, porque:

--el hombre:
-es bipolar
-en nuestra constitución predomina la polaridad negativa
sobre la positiva, por eso somos más conscientes de lo
material que de lo espiritual
-experimentamos la tendencia hacia lo positivo y en ello
nos esforzamos
-evolucionamos desde lo material hacia lo inmaterial o
espiritual

--el ángel:
-también es bipolar
-en su constitución predomina la polaridad positiva sobre
la negativa, por lo que es más consciente de lo
espiritual que de lo material
-experimenta una tendencia hacia el polo negativo, que
constituye la base de su esfuerzo
-evoluciona desde un aspecto inmaterial o espiritual
hacia el mundo de la materia.

Por lo tanto, la materia no es el resultado de la acción aislada del hombre ni de la del ángel, sino de la combinación entre ambas, tal como el protón y el electrón, correspondiéndole al hombre el primer paso, que consiste en el establecimiento de su propuesta, a través del progresivo desarrollo de la capacidad de tomar decisiones por sí mismo.
Y tenemos una prueba científica de ello, pues cuando en el laboratorio ha “aparecido” el electrón y se forma un átomo, acaba de crearse materia artificialmente, pero he aquí que, también sin posibilidad de que el científico lo controle, se forma un “antiátomo”, que es una partícula de antimateria, lo que provoca que se atraigan ambas partículas atómicas y se destruyan inmediatamente.
Ocurre esto por una razón: la materia recién creada artificialmente por el científico, carece de su parte causal o propósito, por lo tanto no tiene la correspondiente polaridad positiva y su destino es la inmediata destrucción, es decir, debe morir en ese momento.

Así pues, la materia o lo concreto, surge cuando existe una intención ejecutada, porque se han combinado dos energías de polaridades contrarias, entendiendo que ninguna de las dos tiene polaridad pura, ya que, en ambas existen elementos de la polaridad contraria, por lo que experimentan la tendencia a desprenderse de una de las polaridades, precisamente la de menor cuantía y por un marcado motivo:

--las fuerzas de atracción y de repulsión, son mayores respecto de la
polaridad más abundante, por lo que dominan a las fuerzas de la
polaridad menor.

Quizás sea esta la razón por la que no pueda evitarse el proceso evolutivo, ni el avance del progreso en todos los órdenes, tan solo retrasarse, pero el tiempo carece de valor en los mundos inmateriales, por lo que nosotros aprendemos a vivir más allá del tiempo, convirtiendo al presente en eterno, mientras que el ángel se esfuerza por manifestarse en los aspectos temporales, y el camino empieza con la conciencia individual.

Si el hombre adopta la tendencia hacia la polaridad negativa, que es la que no le corresponde e intentando desprenderse de la positiva, se manifiesta el materialismo y la falta de ideales o propósitos, produciendo seres ignorantes y dependientes.
En cambio, si atiende hacia la polaridad positiva, esforzándose por eliminar la polaridad negativa de sus estructuras, sobreviene el idealismo, la exagerada imaginación y la creencia en lo imposible, desarrollándose la incapacidad por realizar, el ansia y la ilusión.

Cuando el esfuerzo se concentra en el rechazo de un aspecto o polaridad, o en su destrucción, no existe posibilidad de manifestarse la conciencia, puesto que esta es el vehículo que comunica ambas polaridades y si se desatiende a una de ellas, se elimina la relación entre ambos aspectos, lo que crea un enorme cúmulo de actos inconscientes o egrégores.
Esta inconsciencia conjunta, arrastra a quienes no han desarrollado la capacidad de decisión propia, porque se les ofrecen soluciones para que les resulte más cómodo y, al no decidir, no se cambian las estructuras existentes, por lo que perduran en el tiempo las decisiones tomadas por otros en su propio beneficio e interés.
De esta manera, se anula la posibilidad del contacto con el ángel, que asume la polaridad negativa, porque el hombre no se ha definido en su propia polaridad, la positiva, y así, no puede desarrollarse la conciencia.

El conjunto de actos institucionalizados y socializados, tales como las costumbres y tradiciones, la moda, la superstición, el temor o los vicios, constituyen la manifestación de estas formas psíquicas o egrégores, de tal manera, que llegan a dominar durante siglos a nuestras sociedades.

Así los describe Pierre Mabille en su obra “Egrégores o la vida de las civilizaciones” de la colección Límites, en la que atribuye la situación actual de la iglesia católica, al desarrollo de un egrégor que abarca a toda la civilización occidental, estructura que comenzó a disgregarse, según el autor, en el siglo XVI, debido a que cada vez son más quienes salen de la estructura católico-cristiana, porque se encuentran ahogados, les agobia su dogma, intuyen la separatividad de una creencia, encuentran que sus dirigentes rechazan la actualidad social bajo el pretexto de un mandato divino, del que ellos, y solamente ellos, son los portadores, y los creyentes experimentan el cansancio de confiar en falsas esperanzas y del deber, que presienten inútil, de cumplir con su parte dogmática.

Esta reacción en contra de lo institucionalizado, ha de forzar a que las personas tengamos que pensar, sentir y actuar de otra manera, porque no nos satisfacen los modos actuales, y al tener que decidir por nosotros mismos, se crea un vórtice energético que constituye una polaridad positiva, y de la misma manera que aparece el electrón en el laboratorio cuando se ha aislado el protón, aparecerá el ángel para asumir la polaridad negativa.

El resultado es una materia nueva, es decir, nuevas formas de pensar, otros sentimientos y actitudes diferentes, que no recordarán en nada a los anteriores dogmas, lo que producirá otro mundo más confraternizado, más humano y menos dogmático, por lo tanto menos separativo, en el que ha de ser la propia individualidad humana la protagonista, para manifestar su divinidad, y no una deidad antropomorfizada y rebajada a las formas humanas.

O continuamos conformándonos con nuestra propia ideación de lo divino, a la que nos sometemos porque otro nos dice que le ha sido confiada esa autoridad y nos la impone a la fuerza, o divinizamos todo lo humano, en lugar de humanizar a lo divino, para adorarlo como si no fuera de este mundo.
Y cuando se establece un criterio para transmutar a divino todo lo humano, es decir, para convertir en concreto lo que es abstracto en cada cual, se inicia el contacto con el ángel, por lo tanto, empieza a desarrollarse la conciencia individual.

Por todo lo anterior, parece ser que el esfuerzo tenga que ser iniciado y realizado, desde las estructuras materiales que configuran particularmente a cada ser humano, y como estas estructuras son diferentes, el propósito de una persona tendrá matices diferenciadores respecto del de otra.

Además, el primero de los contactos con los ángeles, ha de producirse, necesariamente, con aquellas entidades angélicas que participan directamente en la formación de nuestros cuerpos mental, emocional y físico, constituyendo la realidad práctica de la afirmación délfica “hombre, conócete a ti mismo”.

El proceso en el hombre consistirá en adquirir la polaridad positiva o tendencia hacia lo abstracto, considerando las posibilidades y capacidades que le sean propias, o de otra manera, desde la fuerza que le constituye hacia su propia energía.
Considerando que cada estructura material es singular, la fuerza desde la que arranca el esfuerzo de todo hombre no se encuentra repetida en otro hombre, por lo tanto, tampoco lo será su energía, y por otra parte, el hombre tiene su “ser” en la parte inmaterial o espíritu, y su “estar” en la materia, cuya principal característica es su diversidad, mientras que su esfuerzo se centra en la energía o espíritu, cuya característica es la unidad. Cuando hablamos del “estar” hemos de referir dos circunstancias, “dónde y cómo”, mientras que tales circunstancias no están determinadas en el “ser”, porque su movimiento no está limitado ni a un lugar ni al tiempo.
Mientras existan las limitaciones del lugar y del tiempo, el contacto angélico se dificulta y no se desarrolla la conciencia individual, porque el medio en el que el ángel tiene su “estar”, no está circunscrito a las limitaciones del espacio y del tiempo.

Podemos concluir respecto del hombre, que nos esforzamos desde la fuerza hacia la energía, desde la materia hacia el espíritu, desde lo concreto hacia lo abstracto y desde lo bipolar hacia una polaridad positiva única.

Si consideramos al ángel y reconociendo nuestras propias limitaciones, porque nuestra consideración hacia lo angélico arranca desde una perspectiva humana, diríamos que su medio natural es lo abstracto, lo inmaterial y lo espiritual, es decir, la energía. El esfuerzo angélico consiste en trasmutar a la energía en fuerza y en materializar lo espiritual, tal como lo hace el electrón.

En este proceso se cruzan ambos caminos, el humano y el angélico. El hombre cede al ángel su polaridad negativa, recibiendo a cambio la polaridad positiva angélica, y en este sistema de trueque se define a la conciencia, sistema que en un momento dado expresará el predominio de la polaridad negativa, manifestándose como tendencias materialistas pero con propósitos idealistas, y en otro lo hará respecto de la positiva, en cuyo caso se identificaría con el idealismo posible y realizable, aunque en ambos casos habrá relación, porque ninguna de las dos polaridades es despreciada, por lo tanto, habrá conciencia.

Al final de este proceso, cuando el hombre haya traspasado toda su polaridad humana y negativa al ángel, y haya recibido toda la positiva angélica, el hombre ha de convertirse en ángel, porque se ha desprendido de todo aquello humano, mientras que el ángel se convertirá en hombre, porque le ha entregado todo lo que tenía de angélico.

Estas energías o polaridades, tienen su manifestación por doquiera lugar, tanto en lo micro como en lo macro, existiendo zonas en las que se manifiesta una polaridad más que la otra, constituyendo verdaderos almacenes de electricidad. Así, en el núcleo atómico y en sus proximidades, la electricidad predominante es la de polaridad positiva, mientras que en el orbital de electrones es la negativa, por eso se establece una argumentación en torno a que, el núcleo atómico, es la manifestación del propósito humano, mientras que el orbital electrónico se corresponde con la actividad angélica.

En nuestro sistema solar y respecto del planeta Tierra, existen tres zonas determinadas en las que también se manifiestan polaridades distintas, son la exosfera, la atmósfera y la litosfera o cuerpo físico de la Tierra.

La exosfera, que se encuentra a unos 1.100 kilómetros de altura respecto de la superficie terrestre, es una zona en la que predominan cargas eléctricas positivas, es decir, protones, mientras que en la litosfera, el predominio es de las negativas, sin embargo, en la atmósfera terrestre se encuentran mezcladas y combinadas, bien en estado libre o agrupadas formando átomos, por lo que la atmósfera es la zona en la que las cargas eléctricas o polaridades, se encuentran en cierto equilibrio.

Quizás sea esta una posible explicación del por qué miramos hacia las alturas cuando expresamos nuestras aspiraciones espirituales, y también es la razón de fenómenos atmosféricos, tales como las auroras o los rayos de una tormenta, pues a través de los llamados tubos iónicos, descienden hacia la superficie terrestre las cargas eléctricas positivas y ascienden las negativas, provocando un rayo en el momento y lugar del contacto.

En el desarrollo de la conciencia individual, y en este cruce de esfuerzos humanos y angélicos, se producen relaciones entre el hombre y el ángel, a modo de los tubos iónicos mencionados en el párrafo anterior, y que son cada vez más conscientes por ambas partes, porque el hombre aprende a definir mejor su propósito, y el ángel a revestirlo, para que la materia resultante sea más perfecta que la anterior, renovada y fresca.
Luego lo que denominamos conciencia, tiene su analogía en aquellos tubos iónicos a través de los que se logra establecer un contacto entre ambas polaridades, es decir, entre el hombre y el ángel.
El rayo de la tormenta simboliza ese delicado, pero potentísimo instante, en el que “se ha hecho la luz”, porque se ha creado nueva materia que redimirá a la que ha quedado obsoleta, sin tener que esperar en la Tierra, inactivos y adorando, a que venga desde el cielo alguna divinidad, para redimirnos e iluminarnos.

Aquellas zonas mencionadas anteriormente, la exosfera, la atmósfera y la litosfera, tienen su correspondencia respecto de la constitución humana, en los tres cuerpos de nuestra personalidad, es decir, la exosfera con el mental, la atmósfera con el emocional y la litosfera con el físico.

En el cuerpo mental y en la exosfera predomina la electricidad de polaridad positiva. La mente gesta los ideales, su acción es la imaginación y produce todo lo hipotético, sea real o no, con la diferencia de que, cuando es realizable, sobreviene la paz. Y un acto creativo no tiene nada de traumático, así como que el contacto humano-angélico sobreviene, siempre, sin ansiedad alguna.

En el cuerpo emocional y en la capa atmosférica existe cierto equilibrio entre las cargas eléctricas, por eso es el cuerpo de mayor unificación, en el que su aspecto superior está conectado directamente con el inferior, entremezclándose ambos, sin que existan zonas diferenciadas en las que predomine una polaridad sobre la otra.

Su manifestación se centra en los estados emotivos, su acción es atractiva para lo deseable y repulsiva para lo contrario, y en ello consiste la separatividad emocional, porque, en este cuerpo, las fuerzas de atracción y de repulsión suelen actuar separadas la una de la otra, siendo la cuna de la mayor de las separatividades humanas y la causa de mayor potencial que evita el contacto con el ángel. Sin embargo, cuando el esfuerzo humano consigue conectar ambas fuerzas y que actúen conjuntamente, predomina la fraternidad, base para la amistad con el ángel.

Y en el cuerpo físico, así como en la litosfera, el predominio es de la polaridad negativa, que se corresponde con la acción objetiva y perceptible, actuando en uno de estos sentidos:

--Bien lo hace inconscientemente, tendiendo a utilizar sus estructuras
materiales más densas, porque carece del ideal que permita la
penetración del cuerpo mental en el interior del astral, a través del deseo
de ejecutar un pensamiento, y tampoco se traduce en una acción física,
provocada por el deseo astral, por lo que no existe conexión entre los
cuerpos, permaneciendo desalineados, hecho que provoca la muerte de
todas las estructuras sin ideal, del mismo modo que ocurre con la materia
artificial del laboratorio.
Y en este proceso se invierte mucho tiempo, porque hay una causa
material, porque su efecto también lo es y porque no puede manifestarse
una conciencia individual.

--O bien constituye un acto consciente, cuya tendencia se manifiesta en la
utilización de las estructuras más sutiles de cada cuerpo, hecho que
permite conectarlas entre sí, y asimismo, quedarán conectadas las
estructuras inferiores, produciéndose el perfecto alineamiento de los
cuerpos, y en ello se invierte menor tiempo cada vez, hasta que la materia
creada ya no muere, porque se ha convertido en el mismo ideal, es decir,
se ha espiritualizado.
Así, hay una causa inmaterial, y su efecto pertenece a la materia, lo que
permite la existencia de una recién nacida conciencia individual

Por lo tanto, completando un poco más el concepto acerca de la conciencia, podríamos decir que se trata de una relación directa entre los cuerpos, de manera que sus aspectos superiores se conecten entre sí, de la misma manera que los inferiores, constituyendo dos polaridades dentro de cada cuerpo, que, cuando estén equilibradas, lo convertirán en un cuerpo luminoso, porque será radiactivo.

Y la conciencia es la relación entre ambas polaridades, es decir, entre la capacidad de proponer y la de realizar lo propuesto, existiendo una conciencia para cada cuerpo en manifestación, que, cuando se relacionan entre sí, la radiación trasciende al propio individuo y empieza a penetrar en las estructuras materiales más sutiles de los demás.

Respecto de las clases de energías, así como de electricidades, en las que predomina una polaridad sobre la otra, la filosofía hindú recurre a denominaciones numéricas, y vamos a emplearlas en este trabajo, por dos razones:

--porque también pueden deducirse aspectos interesantes respecto
de las relaciones entre los números, ya que la matemática es una
forma de expresar a la filosofía, así como que la filosofía es otra
forma de expresar a las matemáticas

--y porque nos resulta más cómodo a la hora de mencionarlas

Así pues, en lo sucesivo utilizaremos estas expresiones orientales, por lo tanto numéricas, al referirnos a las diferentes energías, polaridades o electricidades, e intentaremos asignar a cada polaridad un aspecto psicológico, que lo identificaremos con una determinada acción, tanto cuando se trate de las energías del hombre como cuando tratemos a las del ángel, con la diferencia, respecto de cuando hablemos del ángel, de que no podemos referenciar implicaciones en el mundo angélico, sino en el nuestro propio, es decir, en el humano.
Asimismo, diferenciaremos entre los aspectos superior e inferior de cada energía y para cada ser, sea hombre o sea ángel.

11 de julio de 2009

Inicio del Blog de Analogías

Inciamos el blog de "Analogías entre la ciencia y la mística". Este blog nace como complemento a la web de Analogias.es. Próximamente se empezarán a publicar los primeros artículos.

Un Saludo.