22 de abril de 2011

2.-SHAMBALLA Y LA PROGRESIÓN DE LA LUZ-La materia como organización de partículas

LA MATERIA COMO ORGANIZACIÓN DE PARTÍCULAS

10.-La luz, la fuerza y la ciencia
Observamos que todas las creencias sobre Shamballa se refieren a una luz, a seres luminosos, radiantes, decían, así como a una fuerza que la manifiestan como atrayente unas veces, y repulsiva en otras.
Es que el vocabulario místico no da para más, por eso la angustia de nuestros místicos ante la imposibilidad de expresar sus reales experiencias inmateriales.
Esta angustia fue, es y será, un clamor invocativo desde la materia hacia otros mundos, hasta que llega la oportunidad.
Vamos a referirnos a dos de estas gloriosas oportunidades, son las que legaron a la humanidad Newton y Maxwell.

Cuando Isaac Newton relacionó la masa, o materia, con la gravedad y a través de una fuerza, algunos de nuestros místicos le bendijeron, porque estudiando sus deducciones matemáticas, cosa que muy pocos de ellos hicieron, encontraron la oportunidad de acabar con aquella angustiosa situación, la que les impedía expresar lo que estaban viviendo realmente.
Todo místico vive sus experiencias desde la materia, o masa, y siente en sus cuerpos determinadas fuerzas que le proporcionan, ya no la sensación, sino la realidad perceptible y consciente de que está levitando, aunque su cuerpo físico permanezca en el suelo.
Estas fuerzas le dan a entender que ha pasado un tiempo del que nada sabe de sí mismo, no recuerda haber sentido sensación alguna ni malestar físico, sino que ha permanecido completamente absorto, atendiendo a determinado pensamiento, o inmerso en dar solución a un acuciante problema.

Poder explicar aquella levitación real, o a ese estado de inconsciencia, y hacerlo en términos científicos, así como a cualquier otra experiencia mística, no solo supuso un alivio, sino la posibilidad de expresar aquellas experiencias sin tener esperar a que los demás nos crean, y lo que es peor, exigir o imponer una fe.

Newton ofrecía la oportunidad de que la mística expresase estas vivencias en términos de realidad, no de ilusión desbordante, podía hablarse usando su definición sobre la gravedad y la densidad material, o másica, ese momento no podía perderse, y así, hubo una eclosión de enseñanzas espirituales que, aunque cercenadas en contenido y censuradas en su distribución y publicación, por el interés de algunos sectores sociales en que no apareciesen, han quedado escritas, sin embargo, tanto en formatos físicos como en otros planos inmateriales, en los que este interés no tiene posibilidad de destruirlas.
Quizás pudiéramos admitir que estos planos inmateriales forman parte de Shamballa, si es que encontramos alguna razón para ello.

Por ejemplo, la afirmación de que las civilizaciones milenarias construyeron a las pirámides, dominando la gravedad, se ha podido argumentar desde que Newton dedujo sus ecuaciones, porque antes no existía esa posibilidad para explicarlo, y la palabra gravedad, tenía limitado su significado científico a los experimentos sobre la caída libre de los objetos, a los que Galileo Galilei dejaba caer, desde lo alto de la inclinada torre de Pisa.

Cuando Maxwell enunció sus leyes sobre el magnetismo, la oportunidad de expresión para los escritores místicos aumentó exponencialmente, debido a que habian encontrado una explicación, no solamente concreta, sino algo mucho mejor, porque era una explicación real, que les permitía en adelante, describir la realidad de sus experiencias espirituales mediante otra realidad, la científica.
Esas fuerzas que unas veces provocan la atracción y otras la repulsión, habían encontrado, por fin, la oportunidad de ser expresadas en términos de realidad, sin que quien lo haga, se exponga a ser quemado en la hoguera, como le ocurrió a Giordano Bruno, o a Miguel Servet, entre otros muchos.

El magnetismo da para mucho, es tremendamente útil, si es que pretendemos expresar realmente algo, porque si nuestra pretensión se limitase a crear en los demás la ilusión de lo irreal, de lo imposible, o de lo que no existe, la ciencia estaría de sobra, y la separación entre lo místico y lo científico, continuaría aumentando hasta la fobia.

Muchos de los místicos en los últimos 150 años, y que han escrito sobre Shamballa, han aprovechado los avances científicos de su tiempo, para expresar más concretamente aquellos términos de luz, de atracción o de repulsión, y de fuerza.
Al hablar de Shamballa, no pretendemos repetir las afirmaciones ya contenidas en sus respectivos libros y conferencias, al alcance de todos, sino intentar expresar todo aquello ahora, tal como lo hicieron ellos antaño, aprovechando lo que sabemos hoy sobre cómo se forma el magnetismo, qué es la radiactividad, cómo actúa una luz, o qué podríamos utilizar de la machacada mecánica cuántica.

Desde esta perspectiva, hablemos hoy de los vetustos anillos de Shamballa.

11.-Las esferas o anillos de Shamballa
Se dice que son siete, y que su acceso no está permitido al cuerpo físico, sino a la mente, precisamente la parte más sutil de nuestra constitución material.
¿Sabemos qué es la mente? Quizás no lo sepamos, pero conocemos las expresiones de quienes nos han hablado místicamente de ella, y se refieren al fuego, un fuego que resulta ser una luz y una energía que provoca la acción en todos los demás planos.
Aquellos místicos no disponían de otros elementos que el término fuego, pero nosotros disponemos de una explicación científica de la luz, de la radiactividad, de la frecuencia, …, todos ellos aplicables a la expresión “fuego” que nos permitirían comprender a nuestra mente, quizás lo más incomprendido de nosotros mismos.

Toda luz puede definirse mediante la frecuencia, la amplitud y la longitud de onda, si estudiásemos sus peculiaridades quizás pudiésemos comprender un poco mejor a nuestra mente, y también, concretar un poco más la clase de requisito que, según se afirma, haría falta para penetrar en los sagrados recintos de Shamballa.
En nuestras consideraciones, trataremos de la frecuencia y de la longitud de onda, porque son suficientes para cumplir con el objetivo de este trabajo.

Si solo con la mente puede accederse allí, de alguna manera habrá que separarla del resto. A esta separación estamos aludiendo con el término desintegración, y como toda desintegración es un fenómeno radiactivo, de ahí nuestro empeño en ello.
En la tercera esfera de Shamballa, la mental por excelencia, su parte externa se corresponderá con el conjunto de pensamientos, y la parte interna con las ideas que los generan, teniendo en cuenta dos cosas:

--que una idea pudiera generar infinitos pensamientos

--y que una idea está formada por los mismos elementos
que un pensamiento

Con la diferencia de que la idea los contiene desintegrados y sin forma material, mientras que en el pensamiento están integrados, y con una definida forma en la materia, que es lo que percibimos comúnmente.

Nuestra capacidad mental estaría en función de esa frecuencia, como el dial de un transistor, que, si es potente, podrá conectar con muchas emisoras, con pocas si tiene escasa potencia, o con ninguna, en el caso de que la capacidad mental la tengamos adormilada.
Un pensamiento tiene más baja frecuencia que una idea. Quien capte la idea, captará muchos pensamientos, pero quien tenga una mente débil, captará pensamientos pero no ideas, por su baja frecuencia.

La mayor o menor capacidad mental no quiere decir más o menos energía, sino dónde se aplica.

La energía total de todo ser humano es la misma, quien no la invierte en su mente, estará invertiéndola en la sensibilidad, en la experimentación emocional, satisfactoria o no, y en la atención a su cuerpo físico.

De manera análoga a la tercera esfera, la segunda contiene en lo externo a todos los sentimientos y sensaciones expresadas por el reino humano, y a los elementos que pueden generar sentimientos nuevos, en lo más interno, es decir, sentimientos todavía desintegrados, futuras formas inéditas de expresar la sensibilidad emocional.
En la primera esfera y en su parte externa, estarían las materias empleadas en realizar todos los actos de la raza humana, así como los elementos que pueden generarlos, en la parte interna.

Al repetir pensamientos de otros, al expresar nuestras emociones siguiendo determinados cánones de comportamiento, o al actuar como es habitual, ético o tradicional, nos movemos en las partes externas de Shamballa. Nuestras acciones reproducen materias ya hechas, y actuamos motivados por los efectos.

Por ejemplo, una sensibilidad emocional sin la idea generatriz, o la atención hacia nuestro cuerpo físico sin esa idea mental, sino con un objetivo también físico, son luces de muy bajas frecuencias y de grandes longitudes de onda, justo lo inverso para penetrar en las partes internas de las dos primeras esferas de Shamballa.

Si se dice que las esferas de Shamballa son siete, que siete son los Mahatmas o Maestros, siete los Rayos, séptuple es nuestro mundo…, vamos a utilizar aquellas denominaciones teosóficas, respecto de los nombres asignados a cada una de las siete energías y en la forma de nombres propios, los mencionados en el apartado primero.
Y no se trata de dilucidar ahora por qué son siete, sino de ocuparnos de Shamballa.

Quienes han escrito sobre Shamballa en nuestra última centuria, coinciden en sus referencias respecto de que se trata de fuerzas magnéticas, atrayentes y repulsivas, que allí no existe una estructura material, lo que significa que ninguna estructura material, tal como es, puede acceder a Shamballa.
Sin embargo, dicen, si que pueden hacerlo sus componentes o partículas materiales o elementos integrantes, de ahí el indispensable requisito de que, quien pretenda penetrar en sus anillos, ha de desintegrar a sus estructuras materiales, tornándose un ser radiactivo y en los dos sentidos, para desintegrar y volver a integrar, recuperando a sus cuerpos de manifestación, y sin que estos hayan muerto.
Científicamente y hoy en día, esto es una barbaridad, sin embargo, en la ciencia ficción y en la teoría científica, se especula, por ejemplo, con el teletransporte mediante la desintegración en un lugar, y la posterior integración en otro sitio, y en otro tiempo también.
Algo de lógica tendrán estas especulaciones, que aunque sean teóricas, permiten su expresión a través de la imaginación. A medida que aumenta la lógica, disminuye la imaginación, hasta que todo lo imaginado, o parte, se hace realidad un día.
Y esto el tiempo nos lo demuestra, porque lo que antes fue pura imaginación, hoy es realidad, gracias a la lógica que alguien depositó en aquello que imaginaba, invirtiendo su tiempo en atenciones externas a sí mismo, incluso gran parte de su vida.

El fenómeno de la desintegración y volverse a integrar, es conocido y experimentado científicamente, dándose constantemente en la naturaleza, por ejemplo:

--un neutrón puede formarse por la combinación entre un electrón y un protón, esto sería integración

--el mismo neutrón, puede originar a un electrón y a un protón, y esto sería una desintegración

Pero también, aquel electrón puede combinarse con el protón y formar un fotón de luz, y este fotón puede desintegrarse originando al mismo electrón y protón.
La capacidad natural de integrar o de desintegrar, constituye un fenómeno real y radiactivo en ambos sentidos.
¿Qué diferencia la formación de un neutrón o de un fotón?
La diferencia está en la energía que pueden contener el electrón y el protón. Si es la máxima se formará el fotón de luz, en caso contrario aparecería el neutrón.

Shamballa contiene tanto a los neutrones como a los fotones, así como a los electrones y protones, pero los fotones ocuparán un lugar más interno que los demás, porque son más energéticos y su frecuencia es mayor, y esta podría ser la composición de las esferas de Shamballa, algo que nadie deberá de admitir, sino comprobar por sí mismo.

De las emisiones radiactivas, consideraremos a las alfa o positivas, a las beta, o negativas, y a las gamma, que son neutras, sin entrar en un detallado estudio sobre ellas, sino en su aplicación respecto del tema que nos ocupa.

12.-La atención: un camino hacia Shamballa
La desintegración de la materia está ocurriendo en la naturaleza incesantemente, lo que provoca la existencia de elementos radiactivos en todo lugar y tiempo.
Cuando nos ocupamos intensamente de algo, decimos que hemos estado atentos, porque no hemos sentido a nuestro cuerpo, ni hemos invertido tiempo en una sensación, sino que la abstracción ha sido tal, que nos hemos concentrado en resolver una situación determinada.
La realidad de este hecho es que, en ese tiempo de concentración, hemos apartado a los cuerpos físico y sensitivo, utilizando a la mente con mayor eficacia.

Este es el principio de la separación a la que aludimos.
Perseverando en esta práctica, logramos separar a la mente del resto, cada vez con menor esfuerzo, y la actividad mental se va potenciando sin las exigencias de una sensibilidad emotiva, o de las propias del cuerpo físico.
Por ejemplo, se trata de identificar qué hay de sensibilidad en un pensamiento, e intentar utilizarlo después de haberlo hecho insensible.
¿No decimos que la mente es fría?
Conseguir enfriar a la mente, es un arduo paso, concretamente es la diferencia entre la segunda y la tercera esfera, o iniciaciones.

Este pudiera ser un camino hacia Shamballa, del que no podemos señalar su final si no es utilizando otra conocida expresión: la serena expectación, lo que supondría la máxima atención en el mínimo tiempo.
Al potenciar la atención, ocurren simultáneamente la relajación física, la quietud emotiva y el silencio mental, ¿podemos imaginar la potencia de una mente en la que ni un solo pensamiento influye? Esta sería una mente creadora de pensamientos.

El nuevo pensamiento se ha creado mediante la elección de sus elementos desintegrados, es como si hubiésemos escogido unos quarks para formar con ellos a protones y electrones, con los que formaríamos átomos y con estos un pensamiento, después una sensación y terminaríamos actuando de una manera concreta.

Actuar de esta manera, exige el poder de penetrar hasta la cuarta esfera de Shamballa. Es entonces cuando realmente sabremos qué es la expectación serena, porque habremos maximizado a la atención.

Cuando hemos vivido un tiempo absortos, relajados, quietos y en paz, hemos desintegrado a parte de nuestros cuerpos, separándolos a unos de los otros, mediante el potencial de una voluntad cuyo objetivo nos mueve a ese tipo de acción, y en determinado plano.
Después de la relajación generaríamos a un pensamiento, este a su vez generará a una manera de expresar la sensibilidad, y ambos, nos llevarán a actuar de determinada manera.
Así, se habrían vuelto a integrar aquellas estructuras anteriormente desintegradas.

Habríamos penetrado en Shamballa, hasta donde nuestra capacidad desintegradora nos permita, y habríamos vuelto a integrar nuestros cuerpos al salir.
Para que la desintegración y la integración puedan producirse, los tres cuerpos han de permanecer alineados, y no nos referimos a que permanezca un cuerpo al lado del otro, sino que, al desintegrarlos voluntariamente, sabremos en qué esfera de Shamballa están y cómo los hemos dejado, para recuperarlos después.
Mientras este sistema no nos funcione en realidad, no tenemos otra posibilidad que servirnos de la imaginación. Primero lo imaginamos todo. Después, imaginamos lo que es posible de hacer, y hacemos muy poco de lo que hemos imaginado. Desarrollamos nuestra propia lógica.
Por fin, acabaremos haciendo todo lo que hayamos imaginado.
Esto es una capacidad, y se nos dice que un arquetipo empieza por la capacidad y se realiza con la lógica.
Quizás sea este el ineludible proceso para todos.

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